Devociones y tradiciones

San Vicente, uno de los 3 primeros diáconos mártires

"Te engañas, hombre cruel, si crees afligirme al destrozar mi cuerpo. Hay dentro de mí un ser libre y sereno que nadie puede violar", le dijo al responsable de su tortura

San Vicente nació en Huesca y era de familia aristócrata. A los 22 años, el obispo de Zaragoza san Valero, que era tartamudo, le eligió diácono y le confió la predicación.

El año 303 el emperador Diocleciano emitió un edicto que obligaba a adorarle. El prefecto Daciano era quien debía ejecutar la orden en la Península Ibérica.

En Zaragoza encarcelaron al obispo san Valero y al diácono san Vicente. Les cargaron cadenas y les mandaron andar hasta Valencia sin comida ni bebida. En el camino, los soldados los maltrataban.

Ya en la ciudad, san Vicente fue atado a una columna y luego conducido a prisión.

Daciano los convocó a su presencia y se sorprendió de su alegría. Sometió a Vicente a la tortura en el potro. Lo desnudaron y le azotaron hasta romperle los nervios. Le aplicaron garfios de hierro para desgarrarle la carne.

Tortura y muerte de un valiente

El propio Daciano participó en el castigo y le mandaba abjurar de la fe. San Vicente respondía:

«Te engañas, hombre cruel, si crees afligirme al destrozar mi cuerpo. Hay dentro de mí un ser libre y sereno que nadie puede violar. Tú intentas destruir un vaso de arcilla, destinado a romperse, pero en vano te esforzarás por tocar lo que está dentro, que sólo está sujeto a Dios».

Daciano afirmó luego que lo liberaría si le entregaba los libros sagrados, pero Vicente no cedió.

El prefecto mandó entonces que lo colocaran sobre un lecho de hierro incandescente. Era el grado supremo de tortura. Vicente se mantuvo sereno.

Todavía vivo Vicente, lo mandaron llevar de nuevo a la cárcel y milagrosamente el suelo de la celda se cubrió de flores y de un agradable perfume.

La ciudad se conmovió ante el milagro y el prefecto Daciano, desconcertado, mandó que curaran las heridas del mártir, pero con idea de volver a torturarlo. Fue entonces cuando Vicente falleció.

Era el 22 de enero del año 304.

Daciano ordenó arrojar el cadáver a un muladar pero un cuervo impedía que las aves carroñeras se acercaran.

Entonces mandó echarlo al mar en un odre atado a una rueda de molino. Sin embargo, el odre fue a parar a la playa de Cullera (un pueblo cercano a Valencia) y allí la cristiana Ionicia lo recogió y lo enterró. Los demás cristianos comenzaron a venerarlo.

Santo patrón

San Vicente es patrón de la ciudad de Valencia.

Oración

“Vicente, que por tus sufrimientos nos escuche Cristo” (San Dámaso, papa).-

Dolors Massot – publicado el 22/01/14-Aleteia.org

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