Opinión

Predilectos de Dios

Mons Fernando Castro Aguayo:

Cuando al Beato José Gregorio Hernández se le llama el “médico de los pobres” pienso que un enfermo siempre es pobre porque carece de la fuerza para desplegar las posibilidades de la vida. A esto se añade la soledad de la enfermedad: la padece irremediablemente el enfermo.

Organizar la atención de los enfermos con calidad y con caridad constituye uno de los desafíos del Estado, de la Iglesia, de cada cristiano y de cada hombre o mujer de buena voluntad. Todos recordamos momentos de enfermedad y limitación. Probablemente agradecemos los mil detalles de los profesionales de la medicina que han visto en nosotros a una persona digna.

El respeto y amor por los enfermos debe hacer reflexionar a las autoridades, a los emprendedores. Un buen servicio de salud, con un equipo de personas que presten una ayuda también espiritual y religiosa es algo importantísimo. Esto es un espejo de la calidad de nuestras relaciones interpersonales. Siempre debe ser muy profesional y de valoración y acompañamiento del hombre o la mujer sufrientes.

Es muy importante, la capacitación de “agentes de la salud”. Es decir, hombres y mujeres que sepan cómo tratar a un enfermo y cómo, siempre con respeto y prudencia, hacerle sentir que en él se toca “la carne de Cristo sufriente” ¿Cómo acompañaríamos a Cristo en su Pasión, si nos hubieran abierto esa puerta? Probablemente, el mismo Señor nos hubiera enseñado muchas cosas que hoy no nos planteamos. Esa es la experiencia de aquellos que organizan la atención de los enfermos. Siempre aprenden, siempre aprendemos.

Frente a Las dificultades que se puedan presentar, no podemos dudar que cuando se organiza  la atención de los enfermos, cuando los preparamos a recibir los sacramentos, cuando se comparte con ellos un rato, cuando se abre la posibilidad de orar juntos, nos fortalecemos inmensamente para “ser buenos y hacer el bien”, disposiciones indispensables para construir un mundo más humano y cristiano.

¡Orar por los enfermos! Ellos son predilectos de Dios.

Fernando Castro Aguayo

fcastroa@gmail.com

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