Testimonios

De alto ejecutivo de una petrolera a monje de Montserrat: «Ahora soy feliz»

David Valls llevaba una vida de "riqueza y lujo", pero todo eso lo condujo a una crisis de valores. Decidió hacer un retiro y en él descubrió lo que Dios le tenía preparado

Después de cuatro años sin vocaciones, la comunidad de monjes benedictinos de Montserrat dio la bienvenida en 2019 a un candidato singular. Se trata de David Valls, de 57 años. Atrás dejaba una vida como alto ejecutivo de dos multinacionales, una de ellas una petrolera.

«Ahora soy feliz»

«Era rico y vivía una vida de lujo, pero no era feliz», ha explicado Valls, quien decidió desprenderse de toda su fortuna para dar el paso y se entrega a vivir orando, en el celibato, la obediencia y la pobreza según la regla de san Benito. «Ahora soy feliz», afirma, después de haber comprobado que «el dinero y el poder me dejaban cada vez más insatisfecho hasta que me provocaron una crisis. Pero no era la crisis de los 40. Era una crisis de valores».

En el momento más crítico, «una persona que me quería me aconsejó que tal vez era el momento de parar. Decidí ir a la hospedería de Montserrat y hacer un retiro». Allí Dios le hizo ver su camino: «No fue de golpe un día, fue un proceso», aclara.

«Era un ejecutivo agresivo»

David Valls Gonzálvez nació en el seno de una familia católica en el barrio barcelonés de Sants-La Bordeta. Recibió formación en la fe, pero se fue apartando de ella. «Tuve varias parejas y con una de ellas estuve casado por lo civil 5 años. Pero nunca quise tener hijos. Era un egoísta, aunque me engañaba diciendo que así era sincero con ellas. Era un ejecutivo agresivo y me gustaba el dinero. Llevaba una vida de lujo«.

No se siente orgulloso de la vida que llevaba: «Cuando ves que la gente de tu alrededor no es feliz y que has podido hacer daño a las personas, no existe otra alternativa más que parar», dice.

El proceso de conversión y vocación religiosa hizo que Valls renunciara a su trabajo en Madrid y se trasladara al monasterio de Montserrat para ser primero postulante y más tarde novicio. En total, transcurrieron 10 años para purificar, rezar y quedar confirmado en su decisión.

Desde el domingo de Pentecostés de 2019 se llama Pau (Pablo). Su compromiso es el de vivir como monje hasta la muerte y «eso me basta y me hace muy feliz».-

Dolors Massot – publicado el 09/06/19

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