Lecturas recomendadas

Los pobres, los ricos, los cubanos

La inquietante cotidianidad imperecedera

«Mientras los pobres se beben su vida en interminables colas para adquirir lo que aparezca en las tiendas, y revenderlo, hay otros cubanos que no se bañana en ese mismo río»

 

«Una clase social está creciendo custodiada por el acceso, sin colas, a tiendas en Monedas Libremente Convertibles (MLC)- una moneda no salarial- o con ‘beneficios’ asociados a su grado de incondicionalidad con la narrativa hegemónica»

 

«Una cultura dominada es aquella en donde la ideología del dominador ha sido adoptada por el dominado, que se resigna por cansancio o mediante la represión, a no interpelar de frente las situaciones que aplastan su dignidad»

 

«Los cubanos no deseamos seguir habitando en una cotidianidad tan imperecedera. Por eso nos preguntamos con fe: ¿cuáles son las dinámicas sociales que debemos instalar en nuestro entorno para transformarlo?»

 

En días recientes la esposa de un hombre de alrededor de 35 años comentó que su marido se entregaría en la estación de policía para ir preso por una multa de cuatro mil pesos. Su familia, con tres niños a bordo, le impedía ahorrar esa cantidad sin dejar de comer. La miseria es como una piedra que lanzada en el agua de nuestra realidad genera ondas de insatisfacción y sueños heridos.

El desafío económico que atravesamos los cubanos ha disparado los bolsones de pobreza entre los escombros de una inflación sin deseos de detenerse. Veamos un ejemplo sencillo, un botero cobraba 25 pesos desde el Capitolio hasta Guanabacoa. De un mes a otro, el precio ascendió a 100, y al parecer, esa no es la escala final. Ahora, ¿quién es el culpable? “Fuenteovejuna”. Lo cierto es que ese precio está fijado por un mercado poblacional que puede pagarse 200 pesos solo en transporte diario. Esa Cuba también existe y no está tan lejos de nuestros barrios.

 

Mientras los pobres se beben su vida en interminables colas para adquirir lo que aparezca en las tiendas, y revenderlo, hay otros cubanos que no se bañan en ese mismo río. Una clase social está creciendo custodiada por el acceso, sin colas, a tiendas en Monedas Libremente Convertibles (MLC)- una moneda no salarial- o con “beneficios” asociados a su grado de incondicionalidad con la narrativa hegemónica. Una cultura dominada es aquella en donde la ideología del dominador ha sido adoptada por el dominado, que se resigna por cansancio o mediante la represión, a no interpelar de frente las situaciones que aplastan su dignidad.

No es casualidad ver motos eléctricas parqueadas frente a una tienda en MLC llevarse todas las cajas de refresco que acaban de bajarse de un camiónLuego esos productos son revendidos a un precio exorbitante en los paladares, donde los niños tiran del brazo de sus padres para pedirles un caramelo de 100 pesos. Los dueños de estos grandes negocios en no pocas ocasiones nadan en aguas cercanas al poder. Todo esto fustigado por la incoherencia, como la de quienes piden aguantar con paciencia los apagones y el hambre, viviendo en repartos donde nunca se va la corriente y no falta el plato fuerte.

Un amigo que recorre cada día en transporte público, de su casa en un municipio periférico a su trabajo en Centro Habana, me comentó: “si sobrevivimos a esto quedamos locos”. Su análisis no parece tan distante de la realidad. El propósito en la vida significa que sabemos lo que queremos hacer, a partir de una pensada dirección interior.

Los cubanos no deseamos seguir habitando en una cotidianidad tan imperecedera. Por eso nos preguntamos con fe: ¿cuáles son las dinámicas sociales que debemos instalar en nuestro entorno para transformarlo? ¿Faltará poco para ver logros tangibles en el mejoramiento de nuestra calidad de vida?

Ante la respuesta que introduce la importancia de resistir y ser pacientes, surge la inquietud de quién le explica eso a los años que van quedando a nuestro derredor. O a la soledad de una familia dispersa por la migración.-

 Julio Pernús corresponsal en La Habana/RD

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