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Adviento, una actitud de espera

El “Adviento” precede, prepara y proyecta el tiempo navideño

Nelson Martínez Rust:

¡Bienvenidos!

Dado que con el tiempo de Adviento la Iglesia católica inicia un nuevo año litúrgico y que, al mismo tiempo, tiene una riqueza doctrinal y espiritual muy grande, hemos creído necesario suspender momentáneamente nuestras reflexiones sobre el Concilio Vaticano II y asumir la reflexión sobre esta nueva etapa que nos ofrece la Iglesia. En efecto, el “tiempo de Adviento” está íntimamente relacionado con “el tiempo de la Navidad”. Por consiguiente, debe estudiársele en función de esta solemnidad – la Navidad -. El “Adviento” precede, prepara y proyecta el tiempo navideño hacia la conmemoración del nacimiento de Cristo y, al hacer esto, hacia el fin de los tiempos – escatología –.

 

NOCION – CONTENIDO TEOLOGICO – ESPIRITUALIDAD

 

Un poco de historia

El término “Adventus” que es traducción del griego “parousia” o “epiphanía”, en el lenguaje cultual pagano, significaba el advenimiento anual que se suponía realizaba la divinidad en su respectivo templo con la finalidad de llevar a cabo una visita a sus seguidores. En un calendario romano del año 354 se puede leer la expresión “Adventus divi”. Con esta expresión se designaba el día en el cual se dio inicio al reinado del emperador Constantino. Entre los autores cristianos de esta época (siglos III-IV), el término, entre otros muchos, pasó a designar la venida del Hijo de Dios – “manifestación en el templo de su carne” como de manera poética dirían los santos Cipriano e Hilario.  De esta manera el término pasó a designar entre los libros sacramentarios romanos, dos verdades del entero misterio cristiano: ya sea la venida del Hijo de Dios en la carne – adventus secundum carnem – como también su retorno al fin del tiempo – sentido escatológico -. Debemos destacar el hecho, tan peculiar, de que desde los mismos inicios del cristianismo se muestra la doble intencionalidad del tiempo de adviento: la celebración de la Navidad, pero también el anuncio de que, al fin de los tiempos, Cristo habría de volver en gloria.

A finales del siglo IV encontramos en las Galias y en España, los primeros indicios de un tiempo dirigido a la preparación de la Epifanía. El testimonio nos lo brinda Hilario de Poitiers (año 367). El autor habla de tres semanas de preparación para la celebración de la Epifanía. Por ahora los estudios no nos brindan con certeza ni el cómo ni el cuándo fue el paso de esta preparación, que en un principio estaba orientada a la celebración de la Epifanía, a ser una preparación para la Navidad. Solo sabemos que después del encuentro de la liturgia gala con la romana – en la época carolingia – encontramos elementos ascéticos-penitenciales en vista de la Navidad.

Teniendo en cuenta la complejidad del origen del Adviento, debemos decir que, en la actualidad, este tiempo ha llegado a formar una unidad con el tiempo de la Navidad y la Epifanía, y ha de entendérsele como una preparación para ambas solemnidades. Finalmente, la reforma llevada a cabo por el Concilio Vaticano II ha deseado precisar mucho mejor el sentido del tiempo del Adviento en lo referente a la preparación de la Navidad y, al mismo tiempo, a la espera de la última venida de Cristo: “El tiempo de adviento tiene una doble característica: es tiempo de preparación para la solemnidad de la Navidad, en la cual se recuerda la primera venida del Hijo de Dios entre los hombres, y, al mismo tiempo, es el tiempo en el cual, por medio de este recuerdo, el espíritu es guiado a la espera de la segunda venida de Cristo al fin del tiempo (CR, Normas Generales 39).

Por estos motivos, el Adviento no debe ser considerado primariamente como un tiempo penitencial en función del regreso del Señor para juzgar el universo entero. Él es una celebración que primariamente prepara la celebración de la encarnación – Navidad -, y es solo, a partir de la celebración de la encarnación – Navidad -, que también ha de tenerse como una preparación para el retorno de Cristo al final del tiempo – parusía -. De esta manera, la preparación del nacimiento del redentor nos prepara también para el encuentro definitivo con Él al final del tiempo. La primera venida de Cristo inicia todo aquello que en la segunda venida será de carácter definitivo. La comprensión de estos dos aspectos del único misterio de Cristo explica en profundidad el sentido de la enseñanza que se encuentra en los textos bíblicos acerca de las dos venidas de Cristo, a saber, como se Interrelacionan y se sobreponen brindando un sentido pleno a dicho tiempo de preparación. Por otra parte, en toda esta celebración, que es al mismo tiempo conmemoración histórica y futuro – escatológica -, se muestra la globalidad y centralidad del misterio pascual que, habiéndose iniciado con la encarnación, encontrará su cumplimiento pleno en la celebración de la Pascua del Señor.

En el actual ordenamiento del Año Litúrgico, el tiempo de Adviento se inicia con las primeras vísperas del domingo y termina con las primeras vísperas del tiempo de Navidad.

Un poco de reflexión teológica

El tiempo de Adviento encierra un rico contenido teológico. Efectivamente contiene en sí todo el misterio del Hijo de Dios, desde su entrada en el tiempo – nacimiento en Belén – hasta su final con la resurrección de entre los muertos, pasando por su pasión y muerte – Misterio Pascual -. Los diferentes aspectos que encierra el misterio cristológico contenido en el tiempo de Adviento se remiten unos a otros fusionándose en una admirable unidad. Detengámonos en algunos aspectos de su contenido.

1.- El adviento evoca la dimensión histórico-sacramental de la salvación – lo que se ha dado en llamar “Historia de la Salvación” o “Historia salvífica” -. El Dios del adviento es el Dios de la historia, el Dios que asume el acontecer humano, el Dios que vino en plenitud para salvar al hombre pecador en el misterio personal de Jesús de Nazareth, revelador del Padre (Jn 14,9). La dimensión histórica de la revelación en Cristo nos muestra lo concreto que es la salvación del hombre: es un acontecimiento – no es un mito o una idea –.  Acontecimiento que involucra a todo hombre y a todo el hombre; por lo tanto, nos muestra la relación profunda que se da entre el Evangelio y las realidades humanas.

2.- El adviento es el tiempo litúrgico que mejor nos muestra el aspecto escatológico de nuestra fe. Dios nos ha destinado a la salvación (1Tes 5,9), sin embargo, la salvación es una realidad que alcanza su plenitud al final de la historia (1Pe 1,5). El Adviento nos recuerda que Cristo vino en nuestra carne, que se manifestó y se reveló resucitando de entre los muertos, apareciéndose a los apóstoles (Hch 10,40-42) y que aparecerá glorioso el final del tiempo (Hch 1,11). Esta es la razón por la cual la Iglesia en su peregrinación terrena vive intensamente la tensión de la promesa de salvación “ya” cumplida en la persona de Cristo y “el todavía no” de su plena actualización en nosotros y de su total manifestación con el retorno del Señor glorioso como juez y salvador.

3.- El Adviento, al revelarnos las verdades eternas, nos está recordando al mismo tiempo el compromiso misionero de la Iglesia en el anuncio del Evangelio a todos los pueblos. Evangelio que no es otra cosa que el misterio de la venida de Cristo, enviado del Padre, y de la venida del Espíritu Santo enviado por el Padre y el Hijo.

4.- La espiritualidad a la cual cada cristiano está llamado a vivir en este tiempo de Adviento se caracteriza por las siguientes notas:

a.- Una actitud de espera, ya que el Dios de la revelación en el cual se cree es el Dios de la promesa, que en Cristo ha mostrado su absoluta fidelidad al hombre (2Cor 1,20). La Iglesia y con ella cada bautizado vive esta espera en actitud vigilante y gozosa. Por eso clama: “Maranatha: Ven, Señor Jesús” (Ap 22,17.20).

b.- El cristiano celebra al “Dios de la esperanza” (Rm 15,13) y vive de la gozosa esperanza (Rm 8,24-25). El cantico que caracteriza el tiempo de Adviento es el del salmo 25(24), 1-4: “A ti, Yahvé, dirijo mi anhelo. A ti, Dios mío. En ti confío. ¡no quede defraudado, ni triunfen de mí mis enemigos! El que esperas en ti no queda defraudado, queda defraudado el que traiciona sin motivo. Muéstrame tus caminos, Yahvé, enséñame tus sendas”.

c.- Cristo al entrar en la historia, interpela al hombre. Cuando Dios se nos manifiesta en Cristo no puede dejarnos tranquilos e impávidos. La venida de Dios en la persona de Cristo – el Enmanuel – exige conversión continua. La novedad que contiene el Evangelio es una luz que exige un pronto y decidido despertar del sueño (Rm 13,11-14). Este tiempo es una llamada a la conversión en orden a preparar los caminos del Señor y a acoger al Señor que viene. De esta manera el Adviento enseña que es fundamental y urgente en nuestro tiempo vivir la actitud de los “Pobres de Yahvé”, de los mansos, de los humildes, los disponibles, de aquellos a quienes Jesús llamó “bienaventurados” (Mt 5,3-12).”

 

Valencia. Noviembre 27; 2022

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