Galanteo en otros tiempos
Las disimuladas miradas de las penosas (o muy vivas) de las muchachas sentadas en el pollo de las ventanas podían engañar —o desarmar— a cualquier galán

Eleazar López C :
En tiempos pretéritos, el galanteo en las clases altas se hacía a través de
furtivos contactos de ojos y, en las iglesias, a través del críptico y efectivo
lenguaje del abanico. En las ventanas de Altagracia o La Pastora los
caballeros realizaban el cortejo a pie o a caballo; y aquél que no se atrevía
a acercarse a la ventana, se recostaba a un poste cercano en espera de
alguna señal promisoria que le permitiera acercarse.
Las disimuladas miradas de las penosas (o muy vivas) de las muchachas sentadas en el
pollo de las ventanas podían engañar —o desarmar— a cualquier galán.
Todavía en los años veinte eran tiempos ingenuos, por lo que en La India
leyó Ildemaro Urdaneta su poema de despedida a su novia (Cecilia), poco
antes de hacer salir de Caracas:
Cuando le dije adiós, en su mirada/ se reflejó la angustia de lo
indefinido/ Quiso decir pero no dijo nada/ le rompió el corazón la
despedida.
Las despedidas eran costumbre, así fueran cerca o solo por un tiempito;
y, en este caso, el poeta tan solo se ausentaba al interior por dos o tres
días. Pero tristeza, lágrimas y pañuelos eran lo común al decir adiós
cuando se partía por unos días a temperar a Macuto o a Los Chorros.
Los cantos amorosos que cultivaban los trovadores de antaño, que
todavía Andrés Cisneros cultivó, con su famoso Cisne blanco, hasta
comienzos de los cuarenta, complementaban las abiertas cartas de amor
que, en versos y con música, se convirtieron en la canción galante del siglo
19, en la que se rimaba “alma” con “calma” y “verdes ojos” con “labios
rojos”, algo sobre lo cual había prevenido Arístides Rojas y de lo cual se
burlaban algunos costumbristas.
Una canción con ese tipo de letra era:
Si de noche brillan/titilantes las estrellas/no es que brillan/no es que
brillan:/es que así se besan ellas.
Si en ti fijo la mirada/con ternura y embeleso/no es que miro/no es que
miro:/es que mi alma te da un beso.
Pero no todas las rimas y canciones eran tan cursis o tan ingenuas. Una
que mostraba ese lirismo ingenuo, pero con algo de “piquete”, decía:
Vamos a la mar, morena/ allí nos embarcaremos/ tu cuerpo será la
nave/ mis brazos, timón y remo.
Otra, exultante, nos revela por igual la autenticidad y la candidez que,
dadas sus limitaciones idiomáticas, era la forma de expresarse de la gente
humilde de otros tiempos, de donde salían copleros de buenos
sentimientos:
Yo soy negro y vivo/siempre de güen humol/y a mi negra le canto,
caramba/unos velsos de amol.-




