Opinión

Día del Idioma Español: amores íntimos

En el Día del Idioma debemos celebrar a todos sus hablantes, no solo a los tenidos por cultos o a los grandes escritores y oradores; sino a todos, a los más sencillos incluso, a quienes al usarlo a diario en realidad lo hacen posible, lo van renovando, nos guste o no

Horacio Biord Castillo:

El Día del Idioma Español y del Libro, que coincide con la fiesta catalana de Saint Jordi, es una de esas celebraciones cíclicas que se van repitiendo año a año y que a veces pudieran producir agobio por su repetición. En todo caso, el Día del Idioma debería verse como una actividad alegre y gozosa del idioma, sus hablantes y la literatura en general, tanto escrita como oral. Por ello, quizá, no deja de inquietar que idioma y libro se celebren juntos, sin hacer al menos una distinción entre palabra escrita y palabra oral.

 

Se ha hecho costumbre en diversos países hispanoamericanos, leer fragmentos del Quijote o de otras obras representativas, tanto de la literatura española como de la literatura hispanoamericana, o de otros países escrita en español, como sería el caso de Estados Unidos, Filipinas, Guinea Ecuatorial e Israel, por ejemplo. De esa manera se unen idioma y literatura, libro y cultura intelectual y académica.

 

En el marco de estas fiestas, con mucha frecuencia se suele preguntar a hablantes diversos por sus palabras favoritas en español. Después de haber analizado diversas declaraciones de palabras favoritas, he percibido que hay una tendencia a aludir más a conceptos que a la palabra en sí misma; es decir, las personas piensan solo o más en el significado y poco en el significante. A veces se escogen palabras muy rimbombantes que uno se pregunta por qué esa es la palabra favorita. La única razón es el criterio implícito del significado, digno y relevante, de valor intelectual o moral.

 

Al seleccionar las favoritas, los entrevistados suelen recordar palabras como amor, bondad o cariño, así como términos de parentesco y valores como esperanza y fe o actitudes como resiliencia. Parecería que la selección apunta más hacia los conceptos . De ser así, no debe soslayarse la unión que, como condición sine qua non, define al signo lingüístico: la unión de significado o idea con un significante o sonido, ya que la escritura es posterior y no esencial. Al lado de ello, emerge el criterio de la corrección: lingüística, social o política.

 

Aunque a mí nunca me han preguntado formalmente cuál es mi palabra favorita, yo mismo me he interrogado, al menos para estar preparado para una eventual entrevista. Siempre me respondo con palabras para mí muy eufónicas, que además muestran la cultura venezolana en su diversidad. Son las palabras que más me atan a mis orígenes o a mis gustos más íntimos y fuertes, a mis preferencias, elecciones y creencias, así como a mis haceres.

 

Entre las palabras que no dudaría en mencionar como mis favoritas, tres me vinculan, no a mi lar nativo, pero sí a mi trabajo por años sobre pueblos indígenas: aripo, que es la palabra para budare o comal en el Oriente de Venezuela; catuche, uno de los nombres de la guanábana que es, además, de las frutas preferidas por mí; y una que desde que la leí, primero creo, y luego la escuché, me cautivó: el nombre local que indígenas y campesinos le dan a las riberas del Orinoco: el costo. Sin duda, es una de las palabras que más me agrada.

 

He sentido siempre una debilidad afectiva por palabras o frases arcaicas o que no cumplen con las normas académicas, pero que a mí me llenan de íntima felicidad, como contimás y contimenos, enantes y su diminutivo enantico; o dentrar, un término arcaico, que me parece una palabra muy lógica. Se está dentro o adentro, pero no «entro». También calor, en femenino: la calor. La interpreto como un calor muy grande, un calorón húmedo.

 

Muchas de esas palabras evocan en mí no solo su significado y un espectro de sentidos semánticos y recuerdos muy bellos de experiencias en la Venezuela interiorana, sino también un valor fónico. He escuchado esas palabras en diversos contextos y a una variedad de hablantes, en especial a personas muy auténticas, que no saben ni leer ni escribir y que son de mis hablantes favoritos por su extraordinario bagaje de ilación y elocuencia, cultura, tradición e historia oral.

 

Por si fuera poco, hay una palabra que puede sonar poco elegante, pero que reúne una cantidad de elementos formativos de la lengua que la hacen representativa de la estructura lingüística del español. Me refiero a mariconeriita. Esa es una palabra derivada de otra que ha sido desemantizada. Se refiere a algo pequeño, sin gran valor material, pero que además se da y se recibe con cariño, y solo se dice en intimidad absoluta.

 

En el Día del Idioma debemos celebrar a todos sus hablantes, no solo a los tenidos por cultos o a los grandes escritores y oradores; sino a todos, a los más sencillos incluso, a quienes al usarlo a diario en realidad lo hacen posible, lo van renovando, nos guste o no. Aunque en algún momento pareciera que determinados hablantes lo desfiguran, el idioma como un sistema de construcción colectiva es más fuerte que los usos particulares que de él se haga en un momento y lugar concretos. No hago un alegato a favor de la chabacanería o la vulgaridad, sino de lo sencillo, lo llano y lo desprovisto de grandilocuencia.

 

El español se proyecta de manera creciente como un idioma no solo universal sino global y, a la vez, como una lengua policéntrica, hablada en muchos países. Además de una lengua de uso general y administrativo, educativo y de los medios de comunicación y las nuevas tecnologías informáticas, debe ser una lengua respetuosa de la diversidad lingüística que la ha alimentado, o que se deriva de ella o con la que ha convivido desde sus orígenes. Me refiero a idiomas y variedades lingüísticas como las lenguas regionales en España y los idiomas amerindios y otras hablas y variedades lingüísticas.

 

Feliz Día del Idioma Español y feliz Día del Libro. Feliz día de sus hablantes y lectores. Feliz día de quienes soñamos y amamos en español, de quienes en español rezamos y buscamos respuestas, justicia y bienestar.

 

San Antonio de Los Altos, antigua Gulima, a 23 de abril de 2026.-

 

Horacio Biord Castillo

Escritor, investigador y profesor universitario

Presidente de la Academia Venezolana de la Lengua

 

Contacto y comentarios: hbiordrcl@gmail.com

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba