Lecturas recomendadas

Cuaresma

Nelson Martínez Rust:

 

“Recuerda que eres polvo y en polvo te has de convertir” Con esta lapidaria sentencia la liturgia de la Iglesia da inicio al tiempo de “La Cuaresma” Quisiéramos dedicar algunos escritos semanales a reflexionar sobre el misterio central de nuestra fe, “El Misterio Pascual”, a cuya preparación y celebración se orienta el conocido tiempo que se inicia con la imposición de la ceniza: “La Cuaresma”. Como muy bien podemos concluir, todo este tiempo está dirigido a la celebración fructuosa de “La Pascua”, que es el núcleo fundamental y punto de llegada.

I.-     Elementos históricos

No se ha podido establecer con certeza el dónde, ni la comunidad en donde se dio inicio o quién o quiénes o el cómo surgió el tiempo de Cuaresma; solo sabemos que fue de formación progresiva y que corresponde al deseo de las diversas comunidades cristianas primitivas por prepararse y vivir profundamente el misterio de Cristo. Las primeras alusiones se las encuentran en un período prepascual de preparación que se remonta, para las Iglesias orientales a los inicios del siglo IV, y para las de occidente a finales del mismo siglo. No obstante, anterior a estas fechas se encuentra una praxis penitencial preparatoria de “La Pascua” con ayunos, limosnas y abstinencias que se había venido consolidando paulatinamente desde la primera mitad del siglo II.

Ya, a finales del siglo IV, la estructura cuaresmal se fundamentaba en la dedicación de cuarenta días, teniendo presente el simbolismo que se encuentra en las Sagradas Escrituras. Estas iniciativas se vieron estimuladas por la práctica de la disciplina penitencial que precedía la celebración del sacramento de la Reconciliación para los pecadores, y que tenía lugar la mañana del Jueves Santo; y las crecientes exigencias del catecumenado, con la preparación inmediata a la recepción del sacramento del Bautismo, que debía celebrarse en la noche de Pascua. Como podemos concluir, del estudio del hecho histórico podemos deducir la estrecha vinculación que se da entre la praxis cuaresmal y los sacramentos de “La Penitencia” y de “El Bautismo” desde los mismos inicios del cristianismo.

II.-    Elementos de fe

Como ya lo hemos señalado, el tiempo de cuaresma alcanza su profundo sentido y comprensión al vincularlo con el “Misterio Pascual”, celebrado durante “El Triduo Pascual” – jueves, viernes y sábado santos – que se hace presente mediante los sacramentos pascuales del Bautismo y la Penitencia. Por lo tanto, es un error grave considerar la cuaresma como un mero residuo arqueológico de la celebración de los primeros cristianos. De donde podemos concluir que, la cuaresma debe definirse como el tiempo de una experiencia más sentida de la participación en el “Misterio Pascual” de Cristo. San Pablo lo señala con claridad: “Padecemos juntamente con Él, para ser también juntamente glorificados” (Rm 8,17). Este es el patrón que debe regir “La Cuaresma”. De esta afirmación se concluye:

1º.- El acento cuaresmal debe ponerse no tanto en las prácticas ascéticas cuanto en la acción purificadora y santificadora que lleva a cabo Jesucristo mediante la Iglesia. Las practicas penitenciales a las cuales nuestro pueblo está acostumbrado, solo son el signo de la participación en el Misterio de Cristo, que hizo penitencia por nosotros ayunando en el desierto. La Iglesia al proponer el tiempo de Cuaresma, tiene conciencia de que el Señor mismo da eficacia a la penitencia de los fieles; por lo tanto, esta penitencia adquiere un valor litúrgico, o, dicho de otra manera, es acción de Cristo y de su Iglesia.

2º.-  La cuaresma tiene un carácter profundamente bautismal, sobre el que se fundamenta, a su vez, su carácter penitencial. En efecto, la Iglesia es una comunidad pascual – reunida en torno a la Pascua – porque es bautismal. Esta afirmación se basa no solo por el hecho de que se llega a formar parte de la Iglesia por el bautismo sino porque la Iglesia está llamada a manifestar mediante la predicación, la celebración sacramental – principalmente por la Eucaristía -, además de la vida y actuación conforme al Evangelio de todos y de cada uno de los cristianos, la vida sobrenatural. Aquí nace el aspecto eclesial de la cuaresma: es el tiempo en el cual la Comunidad Eclesial llama – convoca – a todo el pueblo de Dios para que se deje purificar y santificar por su Salvador y Señor.

3º.- De esta exposición doctrinal de “La Cuaresma” se deduce una típica espiritualidad con características pascual-bautismal-penitencial-eclesial. Desde este punto de vista, la práctica sacramental de la Reconciliación, no debe ser solo interior e individual, sino también externa y comunitaria que debe estar caracterizada por los siguientes elementos:

a.-    Rechazo al pecado en cuanto que es ofensa a Dios.

b.-    Las consecuencias sociales de los pecados personales – el mal profundo a la comunidad civil y eclesial -.

c.-    Hacer sentir la participación eclesial en la acción sacramental en cuanto que es mediadora.

d.-    Hacer sentir la necesidad de orar por los pecadores y por los países de misión.

Los medios que la Iglesia nos sugiere en este tiempo prepascual son:

a.-    La lectura y escucha más frecuente de la Palabra de Dios.

b.-    La oración más intensa y prolongada.

c.-    La práctica del ayuno y la abstinencia. Y

d.-    Las obras de la caridad.

Es importante leer y meditar el documento conciliar “Sacrosanctum Concilium” (No. 109-110).

III.-   Elementos pastorales

El Concilio Vaticano II recomendó: “Puesto que el tiempo cuaresmal prepara a los fieles, entregados más intensamente a oír la Palabra de Dios y a la oración, para que celebren el misterio pascual, sobre todo mediante el recuerdo o la preparación del bautismo y mediante la penitencia, dese particular relieve en la liturgia y en la catequesis litúrgica al doble carácter de dicho tiempo. Por consiguiente: úsense con mayor abundancia los elementos bautismales propios de la liturgia cuaresmal y, según las circunstancias, restáurense ciertos elementos de la tradición anterior” (SC No. 109). Fiel a este mandato conciliar, la reforma litúrgica ha vuelto a dar a la cuaresma ante todo su orientación pascual-bautismal; ha fijado su tiempo desde el miércoles de ceniza hasta la misa del jueves santo “in Coena Domini” excluida. De esta manera, la Iglesia invita a vivir al fiel cristiano la sentencia con la cual se inicia el interesante tiempo de “La Cuaresma”: “Recuerda que eres polvo y en polvo te has de convertir”

 

Valencia. Febrero 18; 2024

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