Lecturas recomendadas
La canonización como llamado
“En los afanes de la vida concreta” ¿Qué significan estos santos para nosotros?

Bernardo Moncada Cárdenas:
«En los procesos de beatificación y canonización se tienen en cuenta los signos de heroicidad en el ejercicio de las virtudes, la entrega de la vida en el martirio y también los casos en que se haya verificado un ofrecimiento de la propia vida por los demás, sostenido hasta la muerte. Esa ofrenda expresa una imitación ejemplar de Cristo, y es digna de la admiración de los fieles.» Papa Francisco. Exhortación Apostólica Gaudete et exsultate
Como muchos adultos solemos hacer, preguntaron a la hijita de mi amigo: “Y tú, qué quieres ser cuando llegues a grande?”; su respuesta llegó rauda, en milésimas de segundo, sorprendente: “¡Quiero ser santa!”. Hoy, seguramente, es una santa diseñadora de modas. Pero nosotros, como advierte Francisco en su Exhortación sobre la santidad, «hemos hecho de la santidad una meta inalcanzable, la hemos separado de la vida de todos los días, en vez de buscarla y abrazarla en la cotidianidad, en el polvo del camino, en los afanes de la vida concreta».
Nos solazamos con la noticia ya oficiosa de que, además de la causa de José Gregorio Hernández, también la de la Madre Carmen Rendiles llega a concluir con el reconocimiento de la santidad. Creo que los venezolanos, creyentes y no creyentes, abrigamos un sentimiento de alegría por la inminente canonización de dos compatriotas. Como una culminación de sus deseos y oraciones, resonará en el oído de los devotos y admiradores de ambos, respectivamente: “San José Gregorio Hernández”, “Santa Carmen Rendiles”.
Tales honrosos y ejemplares reconocimientos, sin embargo, no deben llegar como alivio de que, ¡por fin!, tenemos dos santos venezolanos, pues -como bien nos advierte el Papa, en su Exhortación de 2018, no debemos pensar “solo en los ya beatificados o canonizados”, pues «nadie se salva solo, como individuo aislado, sino que Dios nos atrae tomando en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que se establecen en la comunidad humana: Dios quiso entrar en una dinámica popular, en la dinámica de un pueblo».
Muchos santos sin aureola ya han estado entre nosotros.
Existen ¡y por centenares! los “santos de la puerta de al lado”, la santidad de la Iglesia Militante; son aquellos padres que crían con amor y sabiduría a sus hijos, hombres y mujeres que trabajan duramente para llevar el pan a su familia, los enfermos que sobrellevan su estado sin desesperación, las religiosas ancianas que siguen sonriendo y sirviendo, las maestras que invierten toda energía vital por amor a los niños que educan… Nadie pide intercesión de ellos, quizá porque su vida es ya milagro; mejora la de quienes les rodeamos, como manifestación del amor de Dios.
Si hay algo que no comprendemos, moralmente hablando, es la santidad. Un beso que una madre da a su hijo sin santidad es torpe, mentiroso o desesperado. En cambio, el sencillo acto de lavar los platos, cumplido con conciencia del designio divino, es un acto de santidad. La santidad, ya lo he dicho sobre la personalidad de San José Gregorio, no es santurronería, práctica estrecha de la vida, sino lo contrario: práctica plena y profunda de la existencia para la cual fuimos creados, para la que nacimos.
La presencia del santo, con o sin canonización, es presencia de una grandeza destinada a ayudarnos a cumplir nuestro destino, en las vicisitudes de un mundo que nunca lo ha facilitado ni lo facilita. Tal tarea es cumplida con su solo ejemplo, siendo reflejos luminosos del Señor en la historia, aunque de partida reconozcan su desproporción con ese propósito. Y, como exclama Francisco en su Exhortación, “todos estamos llamados a la santidad, a una santidad única e irrepetible”.
Así pues, aunque creemos que su intercesión puede suscitar signos milagrosos, y solucionar nuestros problemas, los santos católicos, en resumen, no son talismanes, amuletos ni semidioses protectores. Son, ante todo, signos ellos mismos; indicación de Dios presente en la vida cotidiana; y ejemplos, frases con que se escribe Su llamado a seguirlo como ellos lo han hecho, a cambiar nuestra actitud y acciones… para mejor.
Puede que, haciéndolo, también resolvamos problemas, los afanes de la vida concreta.-