Madre Carmen Rendiles, la primera santa venezolana

- Javier Duplá s.j.
Este año 2025 va a ser memorable en la Iglesia venezolana y universal, por la canonización de dos santos venezolanos: José Gregorio Hernández y Madre Carmen Rendiles. El papa Francisco ya los ha proclamado santos, a la Madre Carmen el reciente 31 de marzo, y sólo falta saber la fecha de su canonización, que será en Roma en los próximos meses.
“Madre María Carmen Rendiles Martínez, nació en Caracas el 11 de agosto de 1903. Fue la tercera hija del matrimonio formado por Ramiro Rendiles y Ana Antonia Martínez. Nació con una carencia física: le faltaba el brazo izquierdo, privación que no le impidió desarrollar una vida normal.” (Reporte Católico Laico, 31 de marzo 2025)
“El 24 de septiembre de ese mismo año fue bautizada en la Basílica de Santa Teresa en Caracas con el Nombre de Carmen Elena. El 19 de marzo de 1911 hizo su primera comunión.
Madre Carmen se crio en un hogar profundamente cristiano, donde se bendecía la mesa en las tres comidas del día, se rezaba el rosario por la tarde y se acudía a misa los domingos. De allí proviene gran parte de su devoción hacia la religión Católica, especialmente en la importancia de la Eucaristía.
Realizó sus primeros estudios en el colegio San José de Tarbes. A los 18 años asistió a una escuela común de arte y dibujo, actividad que a Madre Carmen le llamaba la atención, pero tuvo que abandonarla para seguir su camino de religiosa.” (Wikipedia)
“El 25 de febrero de 1927 ingresó a una congregación francesa recientemente establecida para aquel entonces en Caracas, Venezuela: Las Siervas de Jesús en el Santísimo Sacramento. Poco tiempo después, el 8 de septiembre de 1927 inició el noviciado, con el nombre de María Carmen, recién cumplidos los 24 años.” (Reporte Católico Laico, 31 de marzo 2025)
Cuando uno lee las Memorias biográficas de la Madre Carmen Rendiles Martínez, escritas por el educador y psicólogo industrial Benito Prieto Soto y publicadas el año 2000, se asombra de lo bien documentadas que están en centenares de cartas que escribió y recibió la biografiada y en escritos que ella dirigió a sus hermanas religiosas. Dos aspectos principales recorren su vida: la unión mística con Jesús Sacramentado y las enfermedades que le aquejaron. Empezando por este último aspecto, Madre Carmen sufrió rechazos por haber nacido sin el brazo izquierdo, y como adolescente sufrió enfermedades pulmonares que le aquejaron toda la vida. Padeció artritis en la edad madura y se movía con dificultad. Pero lo más grave que le ocurrió fue el accidente cerca de Carora, cuando viajaba con otras tres religiosas y un carro les embistió de frente. A Madre Carmen le fracturó el fémur izquierdo y no pudo volver a desplazarse sin ayuda de una silla de ruedas. Los médicos que le operaron se asombraron de su capacidad para sufrir sin quejarse, pues ella quería acompañar el sufrimiento de Jesucristo en su Pasión y muerte.
Su devoción por Jesús sacramentado era impresionante: podía pasar horas ante el Santísimo y su rostro se transfiguraba como si lo viera personalmente. Pero si la interrumpían por alguna necesidad no mostraba el más mínimo disgusto. Sabía aconsejar y recomendar muchísimo la oración. Los obispos que conocieron la congregación querían que se fundara en su diócesis, y así se fueron instalando comunidades de Siervas del Santísimo en Valencia, en San Cristóbal, en La Punta (Edo. Mérida), en Cúcuta y en Caracas el colegio Belén.
La Madre Carmen había pasado de joven cinco años en Le Berceau, casa matriz de la congregación cerca de Toulouse en el sur de Francia, pero luego la congregación fue derivando hacia una especie de instituto secular que chocó de frente con la vivencia que ella tenía de la vida religiosa. Apoyada por el cardenal Quintero, el cardenal Antoniutti, el nuncio Cento y los obispos venezolanos que tenían contacto con la congregación, logró el reconocimiento de la Congregación para los Religiosos y del Papa Paulo VI para mantener la congregación venezolana separada de la francesa. Fue elegida general de la nueva congregación hasta su muerte en 1977.
Su cuerpo reposa en la capilla del colegio Belén, donde es venerada continuamente por infinidad de visitantes. Esperamos que su proclamación como santa atraiga a muchas jóvenes a llevar una vida semejante en lo posible a la de la Madre Carmen Rendiles.-