¿Por qué y cómo superar el rentismo?
La culpa no es del petróleo. Éste hubiese sido un excelente medio para lograr el fin de crear una sociedad sin pobres y profundamente democrática. Pero para lograrlo había que “Sembrar el Petróleo”, como lo planteó Arturo Úslar Pietri en su artículo de 1936

José Antonio Gil Yepes:
El rentismo es una enfermedad económica con profundas repercusiones políticas, sociales, culturales y motivacionales. El rentismo es producto de una gran diferencia entre lo poco que cuesta producir un bien o servicio y lo mucho que genera en ingresos. Los ejemplos que a primera vista vienen a la mente son el petróleo, el oro, el coltán, entre otros, generalmente, productos de la minería. A los que podemos añadir otros ejemplos menos evidentes, como sería un casino, la trata de blancas o un restaurante en el que los clientes estén dispuestos a pagar unos 500 euros por persona; que los hay.
La gran diferencia entre la rentabilidad de unos pocos negocios y la modesta rentabilidad de la mayoría de ellos crea un atractivo sobredimensionado hacia los más rentables. En el caso reciente de Venezuela, el atractivo del petróleo y la mala administración que se ha hecho de esta riqueza desmontaron nuestra base originaria de riqueza, la agrocría. Esta tragedia la describió magistralmente Miguel Otero Silva en su novela Casas Muertas (1955).
Pero la culpa no es del petróleo. Éste hubiese sido un excelente medio para lograr el fin de crear una sociedad sin pobres y profundamente democrática. Pero para lograrlo había que “Sembrar el Petróleo”, como lo planteó Arturo Úslar Pietri en su artículo de 1936. Este reto propone aprovechar la riqueza petrolera para desarrollar otras actividades económicas que diversificaran nuestra producción y exportaciones. Y eso lo dijo Úslar no sólo para aprovechar la oportunidad sino para evitar las distorsiones de la economía que ya se observaban: Dependencia de la exportación petrolera, abandono del campo, concentración del gasto público en las ciudades, migración, marginalidad urbana y corrupción administrativa.
Si bien los gobiernos que sucedieron a los del General J.V. Gómez, los de los Generales López Contreras y Medina Angarita, incluyeron en sus planes de gobierno explícitamente el objetivo de sembrar el petróleo, la interrupción de ese proceso de desarrollo y democratización se desorientó con el golpe de Estado que derrocó al General Medina, el 18 de octubre de 1945 y el gobierno hegemónico del llamado Trienio de AD.
De allí en adelante, el petróleo no sólo se utilizó como fuente de ingresos, sino también para concentrar el poder político en el grupo gobernante, mal llamado Estado para ocultar al culpable. De allí en adelante, se trató, más bien, de no sembrar el petróleo porque de haberlo hecho, ello implicaba repartir poder político. Más bien se desarrolló un inmenso aparato de inhibición de las iniciativas privadas. Las políticas utilizadas para ello han sido y siguen siendo: la sobrevaluación del bolívar, la concentración del gasto público en las ciudades, el centralismo, la monopolización de las principales fuentes de riqueza en manos de “Estado” (empresas del Estado en manos del grupo gobernante), el intervencionismo, el partidismo, militarismo, presidencialismo o caudillismo (o concentración del poder de toma de decisiones en el grupo gobernante, con mayor o menor exclusión de los sectores no gobernantes). Ver mi libro Poder, Petróleo y Pobreza, 2015.
Como ese modelo inhibe las iniciativas privadas, se generan grandes contingentes de pobres. Como el grupo gobernante se vería desestabilizado por esa pobreza, opta, no por sembrar el petróleo, sino por repartirle a los pobres parte del ingreso petrolero para que consuman; pero no para enseñarles a producir porque eso los liberaría de su dependencia y lealtad automática hacia el grupo gobernante. Esto es lo que se llama “populismo”, lo cual crea grandes taras motivacionales relacionadas con la dependencia y la impotencia a través del reparto de subsidios, de cargos públicos mal pagados a personas incompetentes pero leales (clientelismo) y permitiendo la corrupción para que algunos completen el buen sueldo que se les niega.
Todo este proceso se acentuó a partir de 1973, cuando los países OPEP lanzaron la falsa bandera de que íbamos a “Reivindicar a nuestros pueblos liberándolos de la explotación de las multinacionales”. En esto se referían a los precios estables de los hidrocarburos, aproximadamente en US $ 2 por barril. Pero no mencionaban que el volumen de producción y exportaciones crecía de manera sostenida y predecible. Con ese esquema Venezuela fue el “Milagro Económico del Mundo” desde 1930 hasta 1974, cuyos indicadores de progreso socioeconómico también crecían sostenidamente. Y todo ello a pesar de que el petróleo sólo se estaba sembrando en infraestructuras de concreto, no en diversificar nuestra economía ni asegurar la separación de poderes ni la independencia de los jueces. Tan falsa bandera fue ese llamado a “reivindicar a nuestros pueblos” que, a partir de 1974, no hemos tenido un crecimiento predecible porque más nunca hemos tenido equilibrios ni estabilidad macroeconómica; los vaivenes de los precios de los hidrocarburos y los recortes de producción para manipular dichos precios no lo permiten. La excepción fue el intento de Carlos Andrés Pérez II, quien trató de diversificar nuestra economía; regresar al aumento de volumen de producción petrolera como motor del crecimiento, en vez de manipular precios; de descentralizar la administración pública, incluir a otros sectores en la toma de decisiones, privatizar empresas del Estado improductivas y despopulizar la política social, sustituyendo la dádiva del subsidio y el clientelismo por el empleo privado. Pero ese intento de desmontar el modelo rentista petrolero y concentrador del poder político le costó el cargo.
Ahora se nos está presentando la oportunidad de recuperar el ingreso petrolero por vía del aumento de volumen, no de precios y para ello estamos buscando que vuelvan las empresas que no tratamos bien (“estábamos sobrados, agitando banderas de soberanía, nacionalismo y populismo”). Esta es una excelente oportunidad. Pero el reto país no es sólo resolver las cuentas fiscales y abastecer a Occidente. Nuestro reto es diversificar las exportaciones para que de allí surja una economía con un crecimiento mucho más estable y un sistema político mucho más pluralista-democrático.
Preguntémonos qué hacen los exportadores privados venezolanos para tratar de copiarlos. De estos héroes y magos hay decenas, pero los mayores volúmenes se concentran en camarones, cangrejo azul, tilapia, cacao, café, rones, chocolates, entre otros. Veamos sus características: Tienen ventajas comparativas debido al clima, especies animales o vegetales; aunque parecen commodities, son specialties porque todos son considerados “de los mejores del mundo”. Pero no todo es la naturaleza, también esas exportaciones están basadas en ventajas comparativas: el conocimiento acumulado, unos por siglos, pero otros sólo por décadas, como los camarones. Los eslabonamientos internos de cada grupo económico que produce esos bienes: “from bean to bar”, como el Café Amanecer. Estos eslabonamientos internos permiten ahorrar costos de transacción en cada paso de la cadena productiva porque los maneja una sola unidad de criterio.
Muchos exportadores potenciales se ven limitados porque no tienen el capital para crear sus propios eslabonamientos internos, entonces necesitan crédito a largo plazo para poder construirlos; aprender de lo que han hecho los que sí los tienen; o negociar alianzas permanentes con otros eslabones de sus respectivas cadenas productivas para lograr exportar.
Para hacer ver estas oportunidades, promover y adiestrar en negociaciones “ganar-ganar”, las cámaras empresariales están llamadas a jugar un papel clave. Esto implica que las cámaras sectoriales se vuelvan más multisectoriales y que las cámaras regionales aprovechen la oportunidad de que ya lo son para promover alianzas entre los eslabones de las cadenas productivas que representan. El reto para todas las cámaras y federaciones empresariales es ampliar su misión o razón de ser: Antes su papel era – y tiene que seguir siendo – articular propuestas de mejores políticas económicas en una relación vertical gobierno-empresa (propia del modelo de concentración del poder político financiado por el mal uso de la renta petrolera). Ahora, los gremios empresariales necesitan añadir una dimensión de trabajo horizontal orientada a promover esas alianzas entre los eslabones de las cadenas productivas.
Con esos eslabonamientos propios o concertados es que los exportadores actuales han logrado neutralizar los efectos del mal uso de la renta petrolera contra la inversión privada y sus exportaciones: la sobrevaluación de la moneda, los déficits fiscales, la inflación, el encarecimiento y hasta la desaparición del crédito bancario. No creamos que el problema nos lo van a resolver los salvadores de siempre. El reto lo tenemos que asumir nosotros mismos.-
@joseagilyepes




