«En los últimos 30 o 40 años España no solo se ha secularizado mucho sino que se ha descristianizado»
El Papa León XIV encomienda al monje benedictino de Montserrat Manel Nin la renovación de la abadía milenaria de Grottaferrata, reducida a cinco monjes, para que vuelva a brillar como referente espiritual y cultural del catolicismo oriental

Manel Nin i Güell, monje benedictino de Montserrat y hasta ahora exarca apostólico de los católicos de rito bizantino en Grecia, asume la dirección de la histórica abadía de Santa María de Grottaferrata, en Italia, con el encargo del Papa León XIV de impulsar la renovación de este monasterio milenario que atraviesa un momento de fragilidad con apenas cinco monjes.
En una entrevista concedida a ABC, el religioso catalán, que ha convertido la frontera con la ortodoxia griega en un espacio de encuentro durante la última década, repasa su nueva misión y alerta sobre la profunda descristianización que sufre España.
Una nueva etapa al servicio de la Iglesia
El nombramiento ha supuesto una sorpresa para el propio Nin, quien reconoce que se cumple ahora una década desde que el Papa Francisco le enviara a Grecia y le hiciera obispo en 2016. «Ha sido, sin duda, una sorpresa. Justo ahora se cumple una década desde que fui nombrado obispo en Grecia, diez años llenos de trabajo muy intenso y con dificultades», señala el benedictino. La llamada del actual Pontífice le ha llegado con un mensaje claro: «Has servido diez años en Grecia y ahora te pido que vayas a Grottaferrata».
El religioso entiende este cambio como «una nueva misión para intentar renovar un monasterio histórico, con mil años de vida, que siempre ha sido un punto de referencia cultural, espiritual y eclesial». La abadía de Grottaferrata, situada a las puertas de Roma, se rige por el rito bizantino griego y está directamente sujeta a la Santa Sede, lo que la convierte en una presencia oriental privilegiada junto al corazón de la Iglesia latina.
El encargo pontificio: hacer brillar una piedra preciosa
León XIV ha sido explícito en su encomienda: quiere que Nin impulse la renovación de un monasterio que vive un momento delicado. «El Papa me ha pedido que impulse la renovación del monasterio, porque la comunidad vive un momento de fragilidad: actualmente son solo cinco monjes», explica el nuevo abad. La imagen que el Pontífice ha evocado tiene raíces históricas profundas: León XIII dijo hace más de un siglo que Grottaferrata era «una piedra preciosa engarzada en la tiara pontificia».
Esta metáfora ha calado hondo en Nin, quien la ha hecho suya como guía de su labor: «De alguna manera, espero, con la ayuda de Nuestro Señor y de los hermanos, que Grottaferrata vuelva a ser esta piedra preciosa, referente de espiritualidad, de vida cristiana, de vida monástica, y también un lugar cultural». El objetivo es que la abadía vuelva a brillar con luz propia en todos los ámbitos que históricamente la han caracterizado.
Un monasterio con vocación ecuménica y cultural
Grottaferrata no es un monasterio cualquiera. Fundada en el año 1004, cincuenta años antes del cisma de Oriente, la abadía se sitúa cronológicamente antes de cualquier división eclesial, lo que la convierte en «un espacio privilegiado de diálogo con las iglesias cristianas de Oriente ortodoxas», según Nin. Esta dimensión ecuménica forma parte esencial de su identidad y de su futuro.
A nivel cultural, el monasterio cuenta con una biblioteca extraordinaria, una gran tradición editorial y un taller de restauración de libros antiguos considerado uno de los más importantes de Italia. «Es un lugar con una fuerte vocación ecuménica», subraya el benedictino, quien ve en esta triple dimensión (espiritual, eclesial y cultural) el camino para la renovación que le ha encomendado el Papa.
De Montserrat a Grottaferrata: un regreso a los orígenes
Manel Nin ingresó en Montserrat hace cincuenta años. Desde 1984 hasta 2016 vivió en Roma, primero en San Anselmo, la universidad y casa general de los benedictinos, y posteriormente, desde 1996, en el Colegio Griego, un seminario para seminaristas orientales católicos del que fue rector durante dos décadas. «Ir ahora a Grottaferrata es, de algún modo, volver a mis orígenes, donde empecé hace 50 años», reconoce.
Respecto a las diferencias entre las dos abadías milenarias, Nin es claro: «En lo esencial son monasterios, lugares de vida monástica, de acogida de peregrinos y visitantes, con mil años de historia y una gran experiencia espiritual acumulada». La diferencia fundamental radica en la tradición: Montserrat es católica latina, mientras que Grottaferrata es católica bizantina, donde la liturgia se celebra en griego y en italiano.
Las iglesias católicas orientales: unidad en la diversidad
Para explicar la naturaleza de las iglesias católicas orientales, poco conocidas para muchos fieles, Nin recurre a una clarificación fundamental: «Existen unas siete grandes tradiciones orientales, cada una con su lengua, su teología y su liturgia propias: bizantinos, siríacos, coptos, etíopes…». Cada una de estas tradiciones tiene una rama católica en comunión con Roma y otra ortodoxa, pero más allá de esa división, comparten la misma liturgia y los mismos sacramentos.
«El contenido teológico es el mismo; lo que cambia es la forma de celebrarlo, empezando por la lengua», aclara el benedictino. En este sentido, defiende con rotundidad el respeto que Roma ha mostrado siempre hacia estas tradiciones: «Las iglesias orientales católicas están en plena comunión con la Iglesia de Roma. Ser oriental católico no significa latinizarse. Roma ha respetado nuestras tradiciones litúrgicas, teológicas y canónicas, incluido el clero casado. Nunca nos ha impuesto el celibato obligatorio».
España: de la secularización a la descristianización
Preguntado por la caída de vocaciones en España, Manel Nin ofrece un diagnóstico contundente que va más allá de explicaciones coyunturales. «En España no surgen vocaciones porque tengo la impresión de que las familias cristianas cada vez son menos», afirma. El monje sitúa el problema en un plano más profundo: «En los últimos 30 o 40 años España no solo se ha secularizado mucho sino que se ha descristianizado».
Esta descristianización, según su análisis, es la raíz del problema vocacional, y no cuestiones como el celibato sacerdotal: «Que hayan caído las vocaciones no es por el celibato. La raíz es la descristianización profunda de la sociedad». Es una de las reflexiones más duras del benedictino catalán sobre la situación del catolicismo en España, fruto de su experiencia de medio siglo en la vida monástica.
Los retos inmediatos en Grottaferrata
Nin tiene claras sus prioridades al frente de la abadía italiana. «En primer lugar intentar conocer a los cinco monjes que encontraré en el monasterio. Ayudarles a ellos y a los que puedan llegar a reencontrar la tradición monástica propia a partir de una vida humana comunitaria y cristiana», explica. La reconstrucción de la comunidad monástica es, por tanto, el primer objetivo.
En segundo lugar, se propone «relanzar Grottaferrata a nivel cultural», aprovechando el patrimonio bibliográfico, editorial y de restauración que atesora el monasterio. Por último, como miembro de la Conferencia Episcopal Italiana, su objetivo es «recordar a los obispos italianos, que son más de 250, la importancia de la vida de los monjes». Una triple tarea que resume el encargo papal: renovar la vida monástica, el prestigio cultural y la relevancia eclesial de una abadía que, tras mil años de historia, necesita recuperar su esplendor.-
(InfoCatólica)




