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El exquisito arte del camuflaje

Padre Alberto Reyes:

El pulpo es un ser astuto, sobre todo a la hora de protegerse. Puede generar una gama infinita de colores para mimetizarse con el entorno y parecer invisible, o puede recubrirse de conchas marinas, de modo tal que es prácticamente irreconocible, y cuando estos recursos no le funcionan, ejecuta su obra maestra: la tinta, un espectacular chorro negro que lo saca del campo visual del que lo ha descubierto, despistando al otro justo frente a sus ojos, con el tiempo necesario para huir o esconderse.

Eso sí, tiene que saber calcular el momento, no antes, y no demasiado tarde.

La mente humana es muy creativa, y continuamente se dispara sin que podamos atajarla. Lo que nos dice la mente puede ser verdad o no, y es sabio distinguir entre lo que es evidente y lo que nos pasa por la mente, pero lo que sí es imposible es detener los pensamientos.

Yo soy un “hijo de la Revolución”, nacido y crecido en la interminable construcción del socialismo, donde se camina y camina y nunca se llega a ninguna parte, donde los logros son continuos y la vida es cada vez más carente y agobiante, y donde cada vez que alguien empieza a mencionar los problemas y a proponer soluciones “pasa algo” que nos hace cambiar la mirada y ocuparnos de otra cosa.

Y vienen entonces a mi mente, imparables, muchos recuerdos: innumerables “marchas del pueblo combatiente”, desfiles y desfiles de todo tipo, una etapa de continuas manifestaciones en contra de las “violaciones del espacio aéreo”, turbas muy bien organizadas recorriendo las calles al son de “pin pon fuera, abajo la gusanera”, actos de repudio continuos…, y cuando nada de esto tenía la fuerza necesaria para hacernos desviar la mirada, de repente, así, de la nada, como un aguacero gigantesco de tinta fresca, aparecían eventos más adecuados como la “crisis del Mariel” o la “crisis de los balseros”. Y tengo que reconocer, en honor a la verdad, que todo esto fue muy eficaz.

Hace unos meses se nos propuso la aprobación de una nueva Constitución, Ley Magna del país que, entre otras cosas, establece que el Partido comunista es y será la fuerza política suprema de la sociedad y el Estado (artículo 5), es decir, que este pueblo, por los siglos de los siglos y por decreto, tendrá que vivir bajo el sistema marxista leninista y bajo la dirección del Partido comunista. No se aceptan cambios políticos, no tiene cabida la oposición por muy pacífica que sea, no se permite el disenso, el “sistema” no puede ser cuestionado. Por otro lado, los artículos 4 y 229 establecen el socialismo en Cuba no sólo como un sistema irreversible sino que dejan muy claro que todo es permitido para defender esta postura, incluso la violencia.

¿Por qué prácticamente nadie protestó ante esta camisa de fuerza? Porque un buen chorro de tinta dirigido a las pasiones es infalible, y la tinta fue el matrimonio igualitario, que atrapó la inmensa mayoría de las miradas. ¿En serio este gobierno tiene tanta preocupación por la estabilidad de las parejas del mismo sexo cuando se vive en una situación precaria donde ninguna pareja, sea del tipo que sea, puede tener estabilidad en su día a día? ¿En serio le preocupa a este gobierno la discriminación de las personas homosexuales cuando arremetió con toda violencia contra una marcha que no fue organizada desde el control estatal?

Pero funcionó, se le dio toda la cobertura posible al mar de las pasiones de este pueblo respecto al tema, se retiró (por el momento) ese artículo de la Constitución propuesta, y se aprobó el resto sin mayores incidentes. Y ahora, hoy, si alguien te golpea por decir que no estás de acuerdo con este sistema, está amparado por la Ley suprema de este país, y hoy la oposición, a pesar de ser cada vez más pujante, no deja de ser ilegal, y hoy no hay vías legales para que surja una nueva propuesta política y haya otros partidos.

Ahora tenemos en el horizonte un nuevo Código para las familias, con “familias” puesto en plural porque ya de entrada el envoltorio es el de la sacrosanta “inclusión” y el de la ideología de género. ¿Por qué llega ahora el tema de la ideología de género, presentado no sólo repentinamente sino con toda la fuerza posible de los medios estatales?, ¿qué es necesario dejar de ver?

No es difícil de imaginar. De entrada, nuestra patria está viviendo su enésimo momento carencial: no hay recursos básicos, no hay medicamentos, la comida es una pesadilla tanto por la escasez como por los precios. Por otra parte, se ha disparado la limitación de las libertades, la represión brutal y desproporcionada al que piensa diferente y lo expresa, las detenciones arbitrarias a personas que no han cometido ningún delito ni han sido acusadas de nada, la fabricación de delitos a personas que simplemente han expresado públicamente una opinión o una postura contraria al discurso del Gobierno; las retenciones domiciliarias a personas que critican al Gobierno, intentan documentar los abusos o participan en cualquier tipo de protesta. En resumen, estamos viviendo una escalada de represión contra toda forma de expresión democrática.

Pero hay más. A lo largo de todos estos años, este pueblo ha ido expresando su inconformidad de muchos modos, y ha habido “momentos” más o menos significativos, pero eran como fuegos artificiales en medio de la noche, incapaces de hacerse “virales”, porque no existían las redes sociales, o que eran sofocados y no tenían continuidad. Ahora parece ser que no nos conformamos con fuegos artificiales, y que hemos decidido reclamar el amanecer.

Y por último, como la mente es creativa y no puede parar lo que le viene, me da por pensar que el tema de la ideología de género viene también como anillo al dedo para dividir y “echar a pelear” a dos fuerzas que se han unido en la defensa de la libertad de esta tierra: las iglesias y los grupos de activistas, mayoritariamente artistas. Somos un grupo muy heterogéneo dándonos la mano para defender el camino de la democracia. Si en vez de mirar esto nos centramos en cuánto apoyamos o no los postulados de la ideología de género, puede crearse una división ante la cual ya no sólo no veremos al pulpo sino que el pulpo sacará las palomitas de maíz para disfrutar con más comodidad una unidad que se resquebraja.

No puedo evitar pensar que el tema de la ideología de género es una cortina de humo, un chorro más de tinta, pero que puede tener implicaciones muy serias para nuestros hijos y para nuestro futuro. Por eso hablaré de este tema en breve. Por lo pronto, que nada nos desvíe de lo que realmente necesitamos como pueblo: poder vivir todos en el respeto y la libertad.-

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