Testimonios

Lucas Guillermo Castillo Lara: ocho décadas, cien años, miles de páginas

Horacio Biord Castillo:

Para Minucha y los nietos todos de mi tío

El 14 de diciembre de 2002, pocas horas antes de fallecer, en la madrugada del domingo 15, mi tío Lucas corregía en su casa de La Castellana, en Caracas, las pruebas de imprenta de su último libro, . Son dos tomos sobre la historia de los pueblos de la costa de Aragua. Estaba débil y cansado y necesitaba oxígeno para respirar. Aun así, a sus 81 años y medio, sacaba fuerzas para concluir el trabajo. En una breve visita lo traté de ayudar, pero su cansancio era ya muy grande. Horas después iniciaba el viaje a la eternidad.

Había nacido el 23 de junio de 1921 en San Casimiro de Güiripa, en la vieja casa de la familia. Mi abuela, como solía hacer en sus partos, se trasladó hasta allí desde la casa de Güiripa, más aislada a pesar de los seis kilómetros y algo más que separan nuestro pueblo de San Casimiro. Era el segundo hijo de Rosalio Castillo Hernández y de Guillermina Lara Peña. Tendría 5 hermanos más. El mayor era Manuel María (1919-2009). Luego vendrían Rosalio José (1922-2007), cardenal de la Iglesia católica; los morochos José Rafael (1923-2014) y José Antonio (el único sobreviviente a sus casi 98 años); Ana Teresa (1925-2019) y Ana Lola (1929-1999), mi madre, la menor de todos.

El nuevo hijo suponía más trabajo para la joven madre y por unos quince días contrataron a una señorita de 23 años para que ayudara. Era Elena Beatriz Tovar, que se quedó para siempre en la casa, con poder de regañarnos para bien formarnos. Al morir mi abuela en 1975 se fue a la casa de mi tío Lucas hasta abril de 1981, cuando falleció. Esos quince días de Elenucha se multiplicaron hasta llegar a seis décadas.

Lucas se casó con su eterna novia, Lilliam Brandt Coupart, a quien conoció en Los Teques, en sus días de estudiante del Liceo San José y ella del Colegio María Auxiliadora. Tuvieron tres hijos: Minucha, Rolito y Lilliam Isabel, nombrada como su mamá.

Mi tío estudió Derecho en la Universidad Central de Venezuela y allí se graduó de Doctor en Ciencias Políticas y Sociales y de Abogado, según la terminología de los títulos universitarios de la época. Trabajó gran parte de su vida como Registrador y supervisor de registros y notarías. Sus grandes pasiones fueron, sin embargo, la escritura y la investigación histórica.

Como historiador su mejor escuela fue el oficio de registrador que le permitió conocer los vericuetos de los procedimientos notariales y las huellas o reflejos de los fenómenos que esos papeles documentan. Pleitos y testamentos. Compras y ventas. Cartas y solicitudes. Juicios y apelaciones. Todo ello le sirvió al historiador Lucas Guillermo Castillo Lara para reconstruir la historia de grandes centros poblados como San Cristóbal, de ciudades que fueron muy importantes en el pasado como San Sebastián de los Reyes o de pueblos olvidados, pero que juegan y han jugado un papel relevante en la historia venezolana como Los Altos (antes llamados de Caracas y ahora de Miranda), y tantos pueblos de Barlovento, el sur de Aragua y los andes tachirenses.

Como historiador, mi tío Lucas también alimentó su trayectoria de investigador con las tradiciones orales y su conocimiento e identificación con los paisajes, las gentes y sus memorias. En su obra hay evocaciones dispersas de un gran valor lírico. Su estilo era el de un gran escritor, un cantor del paisaje y los afectos. Se especializó en historia regional e historia eclesiástica. Prestó especial atención al pasado colonial y a personajes relevantes de la historia venezolana.

Poeta, orador, articulista, profesor en sus años juveniles, amigo y ductor fueron facetas importantes de su vida. Historiador comprometido y acucioso, la Academia Nacional de la Historia lo hizo individuo de número en el sillón letra D que ocupó durante 25 años y medio, desde su incorporación en 1977 hasta su fallecimiento.

Nació en 1921 un día antes de la conmemoración del centenario de la batalla de Carabobo, que consolidó la independencia venezolana. Hoy, 23 de junio de 2021, un día antes de celebrarse el bicentenario de ese Carabobo, que «un río de soles lo cercaron», según el decir de Castillo Lara en un trabajo premiado en 1971 con motivo del sesquicentenario de la batalla, se celebra el centenario del escritor, historiador y académico.

Cien años son poco y mucho. Lucas Guillermo Castillo Lara en 81 años hizo una obra formidable que nos llena de honor a sus familiares y a la mejor tradición intelectual de Venezuela. Ojalá que su ejemplo nos ayude a encauzar el país por los derroteros del Bien Común en sus más amplias acepciones, del bello decir y de la memoria recta y no manipulada, distorsionada o acomodaticia del pasado.

Este siglo, contado en las páginas escritas por Lucas Guillermo Castillo Lara, suma milenios. Así es su legado académico: portentoso y perdurable. Que la historia de las regiones y los pueblos, de sus gentes y acontecimientos, de lo sencillo y local, nos anime a entender el país diverso y complejo que nos espera más allá de cualquier celebración y acto protocolar, el país que es porque así somos sus habitantes y hacedores, porque así fueron nuestros antepasados y gracias a ellos hemos llegado a ser lo que somos y a soñar lo que queremos.

Horacio Biord Castillo

Escritor, investigador y profesor universitario

Contacto y comentarios: hbiordrcl@gmail.com

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