Testimonios

¿Sabes quién fue el Caballero de París?

Hay varias versiones acerca de las causas de su enajenación. Pero todas coinciden en que por algún motivo fue a la cárcel, de allí salió trastornado y nunca más recuperó la razón

LA HABANA, Cuba. — Hace 108 años, el 10 de diciembre de 1913, llegó al puerto de La Habana, en el vapor alemán Chemnitz, procedente de España, un adolescente de 12 años llamado José María López Lledín, oriundo de la villa Fonsagrada, en Lugo. Años después, ya adulto y tras perder la cordura, se hizo llamar el Caballero de París y se convirtió en uno de los personajes más populares de la capital cubana.

También, según su inscripción de nacimiento, nació en diciembre, un 30 de diciembre, un día antes del fin del siglo XIX. Y fue en diciembre de 1977, el día 7, cuando lo ingresaron en el Hospital Psiquiátrico de Mazorra.

En el año 2000, la Diputación de Badajoz, España, editó un libro titulado “Yo soy el Caballero de París”, que escribió el médico y psiquiatra Luis Calzadilla Fierro, quien lo atendió en sus últimos años de vida en el Hospital Psiquiátrico.

En dicho libro, el doctor Calzadilla logró reconstruir gran parte de la historia de esta celebridad habanera.

De los ocho hermanos del Caballero, cuatro vinieron a Cuba, además de un primo por línea materna. De ellos, solo uno regresó a España.

Cuando era muy joven, antes de que perdiera la lucidez mental, José María López Lledín trabajó en diferentes hoteles y restaurantes de la ciudad y en una librería. Se afirma que sabía un poco de inglés y que trataba con mucha corrección a los clientes.

Hay varias versiones acerca de las causas de su enajenación. Pero todas coinciden en que por algún motivo fue a la cárcel, de allí salió trastornado y nunca más recuperó la razón.

El libro del doctor Calzadilla Fierro recoge declaraciones textuales hechas por el Caballero de París. Algunas son disparatadas pero en otra mostraba sano juicio. Hasta se ponía poético, como cuando dijo al médico: “La Habana me deslumbró como una mujer hermosa. Era mi Dulcinea y para dama de tales merecimientos, era necesario que yo le rindiera un tributo grande y extraordinario. Por eso me dejé crecer el pelo y la barba”.

Su trastorno mental era evidente. Por ejemplo, cuando explicaba: “D’Artagnan era mosquetero y yo era rey. Yo era Dios, era profeta de una doctrina y una nueva religión que habría de redimir al mundo. Yo soy un Dios de capa y espada y pantalón de muselina; pero soy un Dios. Cuando rezo, me rezo a mí mismo, para pedirme perdón de algo que no he cometido”. O cuando sobre el presidente Carlos Prío, expresó: “Cuba debe convertirse en monarquía y nombrar como Rey a Carlos Prío. Al viejo Grau me lo haces Príncipe de la Palma o algo por el estilo, para que no se enoje. Sería la solución para todos nuestros problemas”.

Su hermana Inocencia afirmaba que el Caballero estudió y llegó al bachillerato. Refería que siempre le gustó leer y escuchar buena música. Y que disfrutaba tanto las comodidades que le llamaban “el rico de la familia”.

Deambuló por La Habana durante más de 50 años. Nunca pidió limosna. No fumaba ni bebía, ni decía malas palabras. Era amable con las personas. Pernoctaba en zonas de la Habana Vieja, y en las esquinas de Infanta y San Lázaro, y 23 y 12, en El Vedado.

El Caballero de París inspiró a escritores, pintores y músicos. Es muy conocido un danzón de Antonio María Romeu, De París un caballero, cantado por Barbarito Diez. Los versos finales decían: “El Caballero dice siempre así / que sin azúcar no hay país”. Hasta un demente comprendió eso, a diferencia de Fidel Castro, un gobernante supuestamente cuerdo que destruyó la industria azucarera nacional.

El 7 de diciembre de 1977, a solicitud de Celia Sánchez, internaron al Caballero de París en el Hospital Psiquiátrico Mazorra debido a su deterioro físico. El Caballero dijo sentirse allí como en “un paraíso terrenal”, y alabó a Fidel Castro (en Cuba ni los locos se libran de ser adoctrinados).

El diagnóstico final de su enfermedad fue “una parafrenia manifestada con delirio de grandeza pero con actitudes pacíficas”.

El 11 de julio de 1985, a la 1:45 a.m., falleció el caballero de París. Tenía 85 años. Lo enterraron en el cementerio de Calabazar.

Tres fechas de diciembre en la vida del Caballero de París —las de su nacimiento, su llegada a Cuba y su ingreso en Mazorra— me han servido de pretexto para este artículo. Con él me propongo un sencillo tributo de recordación a un ser amable y bondadoso que fue, durante muchos años, uno de los símbolos de nuestra capital. Que en gloria esté.-

Cubanet

 

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