Opinión

La Unesco y el Che

Pedro Corzo:

Desde mi perspectiva la mayoría de las agencias especializadas de Naciones Unidas, particularmente la UNESCO, le prestan un muy flaco servicio a la democracia mundial al ser en la práctica voceros de proyectos que promueven propuestas contrarias a los mejores intereses de los ciudadanos de los países miembros. 

Tanto fue ese cántaro a la fuente que el presidente Ronald Reagan, retiro temporalmente a Estados Unidos de la entidad en 1984, por considerar que el organismo estaba politizado, y que era hostil hacia «las instituciones básicas de una sociedad libre, especialmente contra el libre mercado y la libertad de prensa».  

Me apena confesarlo, pero cuando vi la primera revista de la UNESCO en Cuba pensé que era una publicación de la órbita soviética por su contenido. La impresión era excelente. Las fotos de la pobreza en África eran impresionantes, aunque nunca vi una que reflejara la pobreza en Cuba o un artículo que describiera los serios problemas de la enseñanza en la Isla o la afectación del medio ambiente en el paradisiaco mundo socialista.  

La publicación justamente denunciaba los males y deficiencias del mundo capitalista pero no aludía a lo que ocurría en la extinta Unión Soviética o sus aliados, una propaganda que era evidentemente aceptada por funcionarios de Estados Unidos, el país que llegó a aportar el 22 por ciento del presupuesto de la agencia. La repetida historia del Americano Feo, los personajes que pagan para ser desacreditados.  

La UNESCO ha actuado de forma muy semejante a las de otras agencias de Naciones Unidas. Recordemos que la ECOSOC ha manejado a la voluntad de las dictaduras que la componen tanto la Comisión de Derechos Humanos, como el actual Consejo. Otra dependencia, la OMS, Organización Mundial de la Salud, ha sido muy cuestionada por su conducta en relación al coronavirus y la República Popular China y la ACNUR que conocí en Venezuela en la década del 80 ignoraba olímpicamente a los exiliados cubanos.  

Tanto desconocimiento intencional de la realidad de países miembros, por motivos ideológicos o de otros indoles, no tienen justificación, sin embargo, como el camino al mal es infinito, hay que reconocer que las declaraciones del presidente de la Conferencia General de la Unesco, Stanley Mutumba Simatta, al afirmar que el ejemplo de Fidel Castro debería guiarnos en los complejos momentos que vive el mundo, estableció cotas difíciles de alcanzar. 

 

No obstante, como siempre se puede más, Naciones Unidas califico al dictador cubano de símbolo de la solidaridad mundial a la vez que destacó la lucha incansable de Fidel Castro para que la educación y la salud llegaran a los pueblos oprimidos del mundo, junto a los logros de Cuba en salud pública, educación, ciencia y otras áreas sociales como producto de su revolución.   

 

Toda esta abyección es nuevamente recordada ante la crítica de la diputada española Roció Monasterio a la Unesco por celebrar el natalicio del asesino en serie Ernesto Che Guevara, otro absurdo que tributa a un asesino y a un acosador de homosexuales un homenaje completamente inmerecido. 

Una pregunta valida en estos tiempos de extrema tolerancia, en la que se derriban estatuas de personalidades acusadas de haber actuado injustamente es, cómo es posible que Ernesto Guevara sea honrado en un foro internacional cuando en la década del 60 organizó persecuciones y encarceló a personas LGBT y fue un preconizador de la violencia extrema, incluida la muerte, de todo aquel que no pensara como él.  

Seguimos sin comprender la devoción de los ecologistas, que ignoran voluntariamente que Guevara arrasó los bosques de Cuba colocando dinamita en las raíces de los arboles que demolía usando bulldozer encadenados. Si a derribar estatuas y negar reconocimientos vamos se debería tener en cuenta que el “Che” junto a los hermanos Castro, Fidel y Raúl, encarcelaron a prostitutas, perseguían a religiosos y como colofón crearon campos de concentración a los que llamaron Unidades de Ayuda a la Producción, UMAP, en los que encerraban a todo el que no se plegara a los postulados de la clase dirigente dándole preferencia a quienes no tuvieran la orientación sexual políticamente correcta desde la visión homofóbica Guevarista. 

Pedro CorzoPeriodista

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