Lecturas recomendadas

Justicia y Bien Común

No basta con la sola justicia: hace falta también la caridad, que va más allá de la justicia

Rafael María de Balbín:

En su Encíclica Caritas in veritate (29-VI-2009) el Papa Benedicto XVI propone la justicia y el bien común como criterios orientadores para una sociedad en vías de globalización.

La justicia debe estar siempre presente en cualquier sociedad. Pero no basta con la sola justicia: hace falta también la caridad, que va más allá de la justicia. En virtud de ésta última debemos dar a cada uno lo suyo, pero el amor lleva a dar más: a ofrecer de lo mío al otro. “La  caridad supera la justicia y la completa siguiendo la lógica de la entrega y del perdón” (n.6). No basta con las relaciones de derechos y deberes: se requieren las relaciones de gratuidad, de misericordia y de comunión.

Es también necesaria la atención al bien común. En la convivencia social de las personas el bien común es un bien excelente y compartido, y viene exigido por la justicia y por la caridad. Si cada uno de los ciudadanos fuera solamente a procurar su bien particular la sociedad se desintegraría. Una sumatoria de egoísmos no produce por arte de magia el bien excelente compartido por todos. El compromiso por el bien común consolida las instituciones y viene inspirado por la caridad. Hoy en día es cada vez más evidente la realidad de un bien que afecta a la comunidad de los pueblos y de las naciones.

Ya en la Encíclica Populorum progressio el Papa S. Pablo VI señalaba que el anuncio de Cristo es el primero y principal factor de desarrollo. El amor de Dios, don gratuito nos hace esperar un “desarrollo de todo el hombre y de todos los hombres”, en el tránsito “de condiciones menos humanas a condiciones más humanas (n.8). Es el auténtico desarrollo integral, que orienta el camino de una humanidad cada vez más unificada. La fe y la razón iluminan las posibilidades de un desarrollo más humano y humanizador.

Todos estamos relacionados con todos. Y ese carácter relacional es comprometido, no es una mera yuxtaposición de personas sino una proximidad solidaria.

En efecto, no son suficientes las fórmulas organizativas o financieras. Hace falta más.  “El compartir los bienes y recursos, de lo que proviene el auténtico desarrollo, no se asegura sólo con el progreso técnico y con meras relaciones de conveniencia, sino con la fuerza del amor que vence al mal con el bien (cf. Rm 12,21) y abre la conciencia del ser humano a relaciones recíprocas de libertad y de responsabilidad” (n. 9).

La Iglesia no ofrece soluciones técnicas ni políticas. Propone una verdad, en favor del hombre, más allá de una visión empirista y escéptica de la vida. “La fidelidad al hombre exige la fidelidad a la verdad, que es la única garantía de libertad (cf. Jn 8,32) y de la posibilidad de un desarrollo humano integral. Por eso la Iglesia la busca, la anuncia incansablemente y la reconoce allí donde se manifieste” (n. 9).-

(rbalbin19@gmail.com)

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