Entrevistas

«Fallan los políticos, no el sistema. Tenemos a los menos brillantes»

El expresidente Aznar nos abre su casa de Madrid para hablar del país que tenemos y del que deberíamos tener. En la conversación se cuelan su tema preferido, la revolución digital, y otro que le divierte poco: «Las historietas del PP madrileño».

Envejeció por razón de cargo, como todos los inquilinos de la Moncloa. Pero, de vuelta a casa, con disciplina para correr dos horas y media cada mañana antes de dirigirse a su despacho en FAES, José María Aznar florece en su aspecto físico, casi tanto como las exultantes trepadoras que tapizan el muro de su jardín.

Nos recibe en su casa de la zona norte de Madrid, relajado y solícito, para hablar de lo que más nos interesa: la España que tenemos y la que deberíamos tener; de lo que más le ocupa y preocupa a él: la revolución digital capaz de anular la razón humana; y de lo que –asegura– le distrae poco: las historietas del PP madrileño.

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XLSemanal. Empecemos por el principio, ¿necesita ser reformado alguno de los artículos de la Constitución?

José María Aznar. La Constitución es la solución, no es el problema; lo que hace falta es respetarla y cumplirla. Yo no tocaría nada de ella porque no es un problema para los españoles, aunque hay algunos españoles que tienen problemas con la Constitución. Pero ese es ‘su’ problema, no el de los demás.

«Yo no tocaría nada de la Constitución. Aunque hay algunos españoles que tienen problemas con ella, es ‘su’ problema. No el de los demás»

 

XL. ¿Qué diagnóstico hace de la actual situación de nuestro país?

J.M.A. Tenemos un país desordenado y nuestros problemas fundamentales son el separatismo y el nacionalismo. Debemos fortalecer la nación, evitar que siga en un proceso de deshilachamiento que la lleve prácticamente a su desaparición.

 

XL. ¿Qué medidas cree que habría que tomar?

J.M.A. Lo primero, no pactar con aquellos que quieren destruirla. No conozco ningún negocio en el que se pacte con quienes quieren matar el negocio. España es el país más descentralizado del mundo y ahora escuchas que se pretenden organizar concursos entre comunidades autónomas para ver quién ofrece más para llevarse instituciones y sedes del Estado que están en Madrid. Esto es una majadería propia de majaderos.

XL. Pero las primeras concesiones al nacionalismo se hicieron bajo su presidencia.

J.M.A. Hasta 2004, el proceso de incorporación de los nacionalismos a la política de Estado fue gigantesco. Y se realizó con una generosidad extraordinaria. Yo no solamente no me arrepiento de haber participado en eso, sino que lo alabo; se desarrolló la Constitución hasta el máximo. Pero ese proceso acaba en el año 2004, cuando empieza el desmantelamiento del Estado. El pacto constitucional reconoce el nacionalismo desde la pluralidad de la nación española, no la plurinacionalidad, no una España multinacional ni multinivel –que es otra majadería– ni federal. Y ese pacto lo han roto los nacionalistas y los separatistas. El principal problema de España es que el Partido Socialista es cómplice de ese proceso.

 

XL. ¿Y por qué el PP no lo paró en la etapa anterior, cuando tenía mayoría absoluta?

J.M.A. Justamente he tenido mis dificultades con el Partido Popular por no afrontar ese tipo de políticas y por decirlo de esta manera. Creo que fue un error y también la razón por la cual la derecha se ha dividido. Ciudadanos y VOX nacen justamente por eso, no hubo otra razón.

XL. Siempre se dijo que la relación del rey Juan Carlos con Felipe González fue mucho más fluida, estrecha y cercana que la que mantuvo usted.

J.M.A. A mí solo me interesa la monarquía como institución garante de la continuidad histórica de España. Yo nunca he sido cortesano, solamente he tenido relaciones institucionales. Ha sido un error no fortalecer la institución, sino decir: «Yo soy republicano, pero soy juancarlista». Y, de pronto, eso falla y se cae. Ahora hacemos lo mismo: «Yo no soy monárquico, pero don Felipe lo está haciendo muy bien», y eso no es. Hay voluntarios para ser cortesanos, pero a mí eso no me interesa nada.

 

XL. En los dos últimos siglos, la monarquía ha pasado por trances complicados. ¿Somos los españoles leales a la Corona?

J.M.A. Los españoles actuaremos inteligentemente si preservamos el valor de la monarquía en nuestro país y fortalecemos la Corona. Si la monarquía no continúa, el país corre el riesgo de diluirse.

XL. En materia de educación, ninguna ley ha resistido un cambio de Gobierno.

J.M.A. Es imposible llegar a un pacto porque la izquierda siempre ha considerado la educación como algo que tiene que controlar y, por lo tanto, le da a toda reforma educativa un sesgo ideológico.

XL. ¿La izquierda no podría decir lo mismo respecto a la derecha?

J.M.A. No, porque la de la izquierda es una posición política excluyente que niega al resto de la sociedad la posibilidad de intervenir en los sistemas educativos. Es absurdo que un ministro pueda decidir a qué colegio tiene que ir mi hijo sin dejar esa opción a los padres.

«Hay casos de corrupción que han podido ser sorpresas muy desagradables para mí. La credibilidad institucional está dañada, pero España no es un país corrupto»

XL. ¿Cómo calificaría la situación actual?

J.M.A. España tiene un sistema educativo dirigido a ensalzar la mediocridad, en lugar del mérito y el conocimiento. En muchos países se priman la diversidad, la equidad, el género, las minorías. En España, eso es exacerbado.

XL Plantee soluciones viables. 

J.M.A Lo lógico sería llegar a un pacto de Estado razonable compartiendo objetivos para lograr el mejor sistema educativo posible sobre la base del mérito y del conocimiento.

XL. Ha habido corrupción política en todas las etapas de la democracia, ¿diría que el nuestro es un país corrupto? 

J.M.A. España no es un país corrupto, puede haber casos de corrupción, pero España transmite seguridad institucional, seguridad jurídica y garantía del Estado de derecho. Lo cual no quiere decir que la credibilidad institucional no esté dañada, que lo está; ni que no se hayan cometido actos de corrupción, que se han cometido. Pero, a diferencia de lo que pasa en otros países, el sistema no ha sido agarrado por fuerzas de la corrupción ni de la criminalidad.

XL. ¿Y esto cómo se traslada a la vida cotidiana?

J.M.A. Muy sencillo. Si tú llamas a la Policía, la Policía es parte de la solución, no te agrava el problema. Y, cuando acudes a la judicatura, normalmente la judicatura busca la solución, no agrava el problema.

XL. ¿Le causaron sorpresa los casos de corrupción de Rato, Bárcenas, Correa…?

J.M.A. Han podido ser sorpresas muy desagradables, pero cada uno responde de su actuación.

XL. ¿Nuestros políticos están a la altura de los europeos?

J.M.A. La degradación del nivel político es general en todos los países y España no se escapa a ello. Hoy, en la vida política se está fundamentalmente por estar, sin ninguna idea de hacer.

«La revolución digital afecta a la posición del ser humano. Nunca hemos tenido tantas oportunidades como ahora ni hemos sido tan vulnerables y manipulables»

XL. Califique la clase política española actual.

J.M.A. En este momento es la más discreta, por decirlo de esa manera, o la menos brillante, por decirlo de otra, desde la Transición. Los problemas que tiene España hoy los tiene porque falla la política, fallan los políticos, no fallan la Constitución ni el sistema.

XL. ¿Le resulta preocupante la situación de la España vaciada y el abandono rural?

J.M.A. ¿Cuándo ha estado llena esa España que se llama hoy ‘vaciada’? Con todos mis respetos, Teruel, Zamora o Lugo son provincias donde siempre ha vivido poca gente. Pero pongamos las cosas en su sitio: si España tenía un 40 por ciento de población agraria y, después de convertirse en una sociedad industrial y de servicios, el mundo agrario se reduce al 6 por ciento, a eso se lo denomina ‘modernización de la sociedad’. La urbanización es la modernización de la sociedad, sin que esto quiera decir que se tengan que desatender determinadas áreas.

XL. En Europa, ¿nos siguen considerando los PIGS del sur?

J.M.A. España ha caído en el anonimato internacional. Hoy es un país que no da, que pide. La España potente, próspera, que demostraba su capacidad entrando en el euro, que tenía déficit cero y un endeudamiento mínimo, que se había convertido en un ejemplo por su Transición para toda Iberoamérica, que tenía una fuerte relación con Estados Unidos, que tenía una influencia media pero relevante, esa España ya no existe.

XL. ¿Cuál es ahora nuestra posición en el panorama internacional?

J.M.A. Nuestros tres ejes fundamentales de actuación –Europa y la relación atlántica, Latinoamérica y el norte de África– están bajo mínimos. Volvemos a los tiempos en los que el centro y el norte de Europa no se fían de nosotros ni en las actitudes políticas ni en las cuentas. Volvemos a los tiempos de no relación política con Estados Unidos; y el retroceso latinoamericano es peor que alarmante. A estas cuestiones se les dedica poco pensamiento.

«¿Cuándo ha estado llena esa España que llaman ‘vaciada’? Si con la sociedad industrial el mundo agrario se reduce, a eso se lo denomina ‘modernización'»

XL. ¿Cómo mejoraría nuestro posicionamiento?

J.M.A. La pregunta es qué vamos a hacer cuando tengamos que poner la casa en orden. Esto se ha convertido en un paraíso de gasto y despilfarro como si fuese a durar toda la vida. Un país que tiene un 5 por ciento de déficit estructural es un país que tiene su futuro absolutamente comprometido.

XL. Hay quienes auguran una inflación galopante.

J.M.A. Se habla mucho estos días de los fondos que vamos a recibir de Europa; yo no sé cuántos hemos recibido ya ni en qué se han aplicado, si es que hemos recibido alguno; pero sé en qué se deberían aplicar. España necesita reformas estructurales de enorme envergadura: desde las pensiones hasta la educación, la fiscalidad… Este es el tema, porque en un escenario de inflación se erosiona todavía más la posición de las clases medias, y ese es un peligro muy grande. Me preocupa muchísimo la situación de los jóvenes y de las clases medias, el hacer tonterías y majaderías en la reforma laboral y que no se le explique a la gente la verdadera situación. El espectáculo que estamos viendo es deprimente.

XL. ¿Cree, como dicen, que el malestar social volverá a la calle y que recordará al 15M?

J.M.A. Yo doy por descontado que la calle se va a mover cuando en España se produzca una alternancia política, porque ya hay algunos que están pensando solamente en eso: «Vamos a perder, pero vamos a agitar la calle». Eso ya está escrito.

XL. ¿Cómo calificaría la situación del PP hoy?

J.M.A. El Partido Popular tiene una oportunidad y una responsabilidad muy grandes: puede y debe ganar las próximas elecciones. Tiene un líder capaz de hacerlo y tiene que convertirse en el imán de las fuerzas de centro-derecha. La política siempre es una suma de activos y, para triunfar, tienes que cuidarlos.

«La inflación erosiona a las clases medias, y ese es un peligro muy grande. Me preocupa hacer majaderías con la reforma laboral y que no se explique la situación a la gente»

XL. ¿Cuál es su posición respecto al enfrentamiento por el liderazgo del PP de Madrid?

J.M.A. Yo no intervengo en la vida interna del partido. Otra cosa es que yo hable con alguna gente y diga lo que pienso; luego, cada uno hace lo que le parece y unos me hacen más caso y otros menos.

XL. ¿Y qué es lo que piensa?

J.M.A. Que el principal activo del Partido Popular se llama Madrid, que el modelo alternativo del Partido Popular se llama Madrid y que las personas que lo encarnan tienen expansión general por toda España. Estoy hablando del modelo de libertad que los ciudadanos defienden en Madrid y que sirve para toda España. Ese es el principal activo que tiene el Partido Popular: ¡por favor!, que no se deteriore y que se enriquezca.

XL. Ahora no tire balones fuera, ¿quién cree que debería liderar el PP madrileño: Díaz Ayuso o Martínez-Almeida?

J.M.A. Tanto la presidenta de la Comunidad de Madrid como el alcalde de Madrid tienen todo el derecho a presentarse a unas elecciones. La presidenta de la Comunidad de Madrid es la política más popular de toda España, punto.

«La presidenta de la Comunidad de Madrid es la política más popular de toda España, punto»

XL. Para terminar, ¿qué le preocupa especialmente del futuro de España?

J.M.A. Las consecuencias de la revolución digital, este es el gran tema y al que le presto mayor atención. En el mundo de hoy, la gran competición es por quién va a tener el superpoder estratégico en la era digital: China o Estados Unidos. Esto obliga a que los demás países tengamos que repensar qué papel hacemos en esta competición.

XL. ¿Cuál es su reflexión?

J.M.A. Hay dos temas que para mí son los temas de fondo. El primero: la disrupción que ha supuesto la revolución digital, la alteración en nuestras democracias, el resurgimiento de los populismos y los nacionalismos, y la tentación autoritaria, que nace también como consecuencia de la pandemia, pero que es fruto esencial de la revolución digital. Esto es muy grave y afecta a la posición del ser humano. Nunca el ser humano ha tenido tantas oportunidades como ahora y nunca ha sido tan manipulable y tan vulnerable. La eliminación de la privacidad es poder puro y duro. Cuantos más datos conoces de las personas, más manipulables son y más poder tienes sobre ellas. Tenemos que decir: «Oiga, mis datos son míos y me pagan ustedes por utilizarlos y, si no, no los utilizan». No es fácil, pero hay que tejer una alianza muy clara y algo se está empezando a mover.

XL. ¿Y el segundo tema?

J.M.A. El desarrollo sin control de la inteligencia artificial. Es la primera vez que una revolución es capaz de eliminar la razón humana. La razón está siendo sustituida por algoritmos que no se controlan ni se limitan y que tienen una posición cada vez más excluyente del ser humano. Al final, la pregunta inevitable será: si la inteligencia artificial es capaz de anular la razón humana, entonces ¿qué hacemos aquí? A reflexionar sobre todo esto es a lo que ahora me dedico, mucho más que a las historietas del Partido Popular de Madrid.-

Virginia Drake

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