Lecturas recomendadas

Venezuela desde la esperanza navideña

Para los católicos la esperanza cristiana de la Navidad es “Dios con nosotros”, a prueba de catástrofes y de guerras.

P. Luis Ugalde:

Navidad en Venezuela es a primera vista renovación, estreno de vestido y despedida del año
viejo cantando las esperanzas del amanecer en un abrazo familiar emocionado. Nadie renuncia
a celebrarla incluso en estas trágicas circunstancias con millones de familias separadas por el
exilio y derrotadas por el hambre.

¿Navidad sin esperanza?
Para los católicos la esperanza cristiana de la Navidad es “Dios con nosotros”, a prueba de
catástrofes y de guerras.

Los humanos somos animales descentrados en búsqueda de nuestra identidad tratando de
llegar a “ser como dioses”. En esa búsqueda, la humanidad con sus éxitos y aspiraciones
ilimitadas construye “torres de Babel” para alcanzar el cielo. Algunas son torres antiguas y otras
modernas, como la tierra feliz de “libertad, igualdad y fraternidad” anunciada por la Revolución
Francesa. ¿Qué más paraíso que ese? Pero pronto, en lugar del prometido cielo la
industrialización implantó el nuevo poder y dominación: con la transformación y acumulación
económica sin ética, la vanguardia de la humanidad amanecía dividida y destruida, con la
mayoría con trabajo alienado y vida infrahumana en la miseria.

Frente al frustrado paraíso capitalista de “individualismo posesivo”, la racionalidad de leyes
instrumentales prometió la revolución definitiva con nuestra plenitud soñada gracias a un
“socialismo científico” que abre la puerta al paraíso en la tierra, con abundancia sin límites y
fraternidad sin mío ni tuyo que divide. Torre de ilusión de dios absoluto opresor con poder y
dominio y cientos de millones en miseria y con libertad ahogada. Este grandioso sistema se
derrumbó desde dentro por la falta de humanidad y por la libertad asfixiada. Sin ataque
armado externo, implosionaron el Muro de Berlín y las alambradas de la “Cortina de Hierro”.

Frente a los dioses prepotentes (religiosos o no), la Navidad nos hace humanos, porque es “Dios
con nosotros” en la debilidad y la ternura de un Niño que activa en nosotros lo más divino que
es el amor; adorarlo significa liberarnos del poder y del dominio y dar la vida en lugar de
quitarla. Ese Niño nos revela que no hay paraíso en la tierra, ni reino sin mal, pero que caminar
en fraternidad hacia el horizonte de plenitud no es una ilusión condenada al cementerio de la
nada, tras unas décadas de vida y sueños. Porque el Amor es más fuerte que la muerte y la
vence. El Niño de Belén nos abre los ojos del corazón y nos invita a recibirlo con el corazón
abierto. Así experimentamos que de verdad Dios-Amor está dentro de nosotros y actúa con una
poderosa fuerza desarmada, más fuerte que los medios de la racionalidad instrumental.

La primera carta del apóstol Juan define el milagro de la Navidad siempre recreado en nuestra
vida: “A Dios nunca lo ha visto nadie; si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros”
(1 Juan 4,12). “Dios es amor: quien conserva el amor permanece con Dios y Dios con él” (1 Juan
4,16). Jesús nos muestra que verlo a él es ver al Padre y que amar de veras es dar la vida para
que el amigo viva. Esa humanidad que ama sin fronteras es la creadora de vida y de civilización
humanizadora, dominando y convirtiendo en instrumentos a los dioses del poder y del
“individualismo posesivo”.“De las espadas forjarán arados” (Isaías. 2,4)

La Iglesia católica nos invita a realizar un camino de esperanza en los cuatro domingos de
Adviento que preceden a la Navidad. Los cristianos recibimos del pueblo de Israel esa
permanente esperanza que camina hacia “Dios con nosotros”, siempre presente y siempre más
allá. Los profetas de Israel anuncian y Jesús ratifica siglos después los signos de la presencia de
Dios y esperanza en nuestro caminar con Él: “abrir las prisiones injustas, dejar libres a los
oprimidos, compartir con el hambriento, hospedar al pobre sin techo, vestir al desnudo y no
despreocuparte de tu hermano (…) Entonces llamarás al Señor y te responderá; pedirás auxilio
y te dirá: aquí estoy” (Is. 58,6-10).

Venezuela tiene que nacer de nuevo desde el pobre, desde la esperanza de la Navidad, desde el
“Dios con nosotros”, ese Niño que nace en la orilla de la ciudad en un refugio para animales. En
esta terrible tragedia nacional con el pueblo en la indigencia y el Estado saqueado e
instituciones desmanteladas, también la Fuerza Armada está llamada a renacer en sí y en el
corazón del pueblo, forjando arados de las espadas, escuelas de los tanques y transformando
las bombas en computadoras y los cuarteles en centros de digitalización y de oficios, para que
centenares de miles de jóvenes regresen a sus casas listos para defender a su país como
sembradores y productores.

Para eso es necesario cambiar a ambos lados de la frontera, de manera que entre Colombia y Venezuela cesen los insultos y amenazas mutuas, y fluyan la vida, la hermandad y el intercambio productivo. Los cuarteles han de ser la mejor escuela de paz, de
reconciliación y de aprendizaje de oficios, porque es la mejor defensa del país. Forjadores de
jóvenes convertidos en ciudadanos potenciados para ser productores.

Es el mejor equipamiento para el ejército libertador de hoy y para la dignidad de los pobres de Venezuela.
“No alzarán la espada pueblo contra pueblo, ya no se adiestrarán para la guerra” (Isaías2, 4).
Navidad 2021 es renovación interior, reconciliación y abrazo. El Niño que nace en Belén, “Dios
con nosotros”, nos lleva a construir el “nos-otros”, reconociendo al otro, afirmando su dignidad
y deseando su regreso del destierro y su salida de la cárcel. Pasar de la muerte a la vida, de la
democracia solidaria y pacífica, desterrando el odio.

Esperanza navideña no es espera inactiva atrincherados en la lamentación y exigiendo que el
otro cambie. En ese Niño que nace descubrimos el camino, la verdad y la vida y nos
reconocemos y abrazamos unos con otros.

¡Feliz y bendecida Navidad!.-

Caracas, 16 de diciembre de 2021

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