Lecturas recomendadas

¿Qué estamos esperando?

Joseph Wood enseña en el Instituto de Política Mundial en Washington D.C:

Sabemos que la temporada de Adviento es de espera. Habiendo escuchado las lecturas litúrgicas de noviembre, de los últimos tiempos, y cerrado el año con la fiesta de Cristo Rey, comenzamos el nuevo año esperando por lo que acabamos de escuchar y celebrar.

También podemos saber que la temporada de las «fiestas» puede ser una de discusiones. Según advirtió Cristo, muchas familias y amigos están peligrosamente divididos sobre quién es Él y sobre cuáles deberían ser nuestros arreglos políticos.

Estas temporadas están estrechamente relacionadas. Estamos esperando que Cristo regrese finalmente y nos salve, y estamos discutiendo sobre cuál debería ser nuestra política mientras esperamos.

“Venga tu Reino”, rezamos en cada Misa; seis veces, en cada Rosario; algunas veces, a menudo, como penitencia. Una aspiración poderosamente importante acerca de qué gobierno deberíamos buscar, dada a nosotros por el propio Cristo. Nos dice que busquemos, primero, el Reino de Dios y su rectitud.

Quizás la sola división más importante en la política de los últimos siglos surja de esto. Algunos creen que debemos hacer lo que podamos para mejorar las cosas en nuestras comunidades políticas, mientras esperamos la venida del Reino. Otros ya han tenido suficiente espera, y quieren lograr el sistema político perfecto, aquí y ahora (estos suelen ser etiquetados como «progresistas»).

Y esa es la raíz de las grandes discusiones que se desarrollan durante todo el año y que parecen adquirir una intensidad peculiar durante las fiestas.

Pero ambos lados del argumento saben que debe haber algo mejor por venir, una mejor política o un Reino mejor y final. ¿Cómo se relacionan estos dos?

En ambos casos, esperamos justicia. Queremos lo que es correcto.

Los salmos están llenos de súplicas pidiendo justicia, de alabanza al justo, de la creencia en que la justicia triunfará en el gobierno de Dios. Salmo 48: “¡Grande es el Señor y muy digno de ser alabado en la ciudad de nuestro Dios! . . . [Los gobernantes de la tierra] lo vieron, se quedaron atónitos, en pánico, se dieron a la fuga». O el Salmo 97: “El Señor reina; que se regocije la tierra; ¡Que se alegren las muchas islas! . . . Porque tú, oh Señor, eres Altísimo sobre toda la tierra.»  Salmo 89: “Rectitud y justicia son el fundamento de tu trono; el amor inquebrantable y la fidelidad te preceden «.

No es de extrañar que Cristo nos diga que oremos por ese Reino.

Pero otras fuentes también piden a gritos  esta ciudad. En la novela Winter’s Tale de Mark Helprin, una clave de la historia está en la inscripción que hay en una gran bandeja: «Porque qué puede imaginarse más hermoso que la vista de una ciudad perfectamente justa que se regocija solo en la justicia».

Todos anhelamos esa ciudad, esa comunidad de personas, que fusiona verdad, belleza y bondad.

Fuentes más antiguas también vieron este anhelo. En el diálogo Estadista, de Platón, Sócrates observa con aprobación cómo un visitante de Atenas ayuda a un joven, también llamado Sócrates, a comprender lo que es realmente un buen gobernante, un estadista. Tal estadista conoce el alma de sus ciudadanos, lo suficiente como para entretejer sus virtudes por el bien de la ciudad, nombrando a los valientes para ser líderes en tiempo de guerra y a los moderados para gobernar en la paz.

El visitante describe seis tipos de gobiernos: el gobierno para el bien común, por uno, por unos pocos o por muchos; y el gobierno egoísta o tiránico de uno, de unos pocos o de muchos. Este esquema de análisis político sigue siendo útil hoy en día cuando discutimos sobre política.

Pero el visitante también menciona un séptimo tipo de gobierno, uno que «debemos separar de las otras constituciones, como a un dios, de los hombres». Este gobierno divino excede la capacidad humana. Un buen estadista solo puede conocer imperfectamente las virtudes de los ciudadanos. Se necesita un gobernante divino para conocer perfectamente a los hombres y, por lo tanto, solo un dios podría gobernar perfectamente.

Sócrates y Platón sabían que así es como anhelamos ser gobernados. También saben que eso no sucederá en la tierra.

Del mismo modo, Aristóteles, alumno de Platón, describe los seis tipos de gobierno, pero también ve cómo las ciudades griegas reales encajan en ese esquema. En la Política (Libros IV y VII), parece separar los regímenes o constituciones que son realmente posibles, del gobierno «por el que uno rezaría». Los filósofos discuten el significado de esto, por supuesto, pero me parece un guiño hacia el séptimo régimen divino de Platón.

La gran exposición de esta tensión entre las comunidades políticas terrenales y el gobierno de Dios, y la esperanza de resolver esa tensión, es la Ciudad de Dios de San Agustín. El título proviene de los salmos.

San Agustín ve la división entre la ciudad terrenal —aquellos que solo se preocupan por las cosas que nos rodean— y la Ciudad de Dios —los santos en el cielo y los que todavía están en la tierra, pero en comunión con los santos. Estos últimos eligen a Dios como su destino final, por encima del placer físico y material, la facilidad y la comodidad.

San Agustín nos dice que estas dos ciudades se entremezclan aquí en la tierra, hasta el fin de los tiempos. A veces, los gobernantes terrenales tenderán hacia la justicia y la tranquillitas ordinis, o hacia una tranquilidad ordenada en los asuntos terrenales que se basa en la paz y la justicia. Paz en la tierra, buena voluntad para con los hombres. Este orden es un reflejo de la paz eterna del Cielo.

Otros gobernantes se opondrán a esa tranquilidad.

Pero nunca podremos lograr el arreglo político perfecto en la tierra. La paz eterna solo se realiza en ese séptimo régimen divino donde se resuelven las aparentes contradicciones que plagan la política terrenal.

Donde, en las palabras del Salmo 85, “La misericordia y la fidelidad se encontrarán, la justicia y la paz se besarán. La fidelidad brotará de la tierra, y la rectitud mirará hacia abajo desde los cielos».

Esperamos al Señor. Esperamos y discutimos sobre la justicia en nuestra política. Esperamos lo que tendremos completa e infinitamente solo en Su Reino, el Reino que no es de este mundo.-

 Joseph R. Wood
VIERNES 17 DE DICIEMBRE DE 2021
Tomado/traducido por Jorge Pardo Febres-Cordero, de:
Sobre el Autor
El Dr. Joseph Wood enseña en el Instituto de Política Mundial en Washington D.C. y es miembro de Cana Academy.

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