Lecturas recomendadas

María, Maternidad, e Historia del Mundo

Mons. Robert J. Batule, sacerdote de la Diócesis de Rockville Center y párroco de la parroquia de Saint Margaret en Selden, Nueva York:

En el cuarto domingo de Adviento de este año, la Iglesia escucha el relato de la Visitación, en el Evangelio de San Lucas. El evangelista cuenta que María viaja presurosa a la región montañosa. (cf. Lucas 1, 39) Allí encuentra a Isabel, de quien  antes se creía que era incapaz de concebir un hijo (cf. Lucas 1, 7), ahora con un hijo in utero. El asombro ante una concepción tan milagrosa no es en absoluto evidente, ya que ahora se está prestando toda la atención a la mujer que acaba de llegar a la casa de Zacarías. (cf. Lucas 1, 40) Es María y su embarazo los que atraen la atención indivisa de Isabel, y la nuestra, apenas unos días antes de Navidad.

Isabel elogia a su parienta más joven que ella, pero no como solemos pensar hoy respecto de los elogios. Hoy es más probable que recibamos alabanza por lo que hemos hecho independientemente de Dios, en lugar de recibirla por lo que Dios ha hecho con y a través de nosotros en la historia de la salvación. La Biblia, obviamente, no aprueba la versión moderna de la alabanza, y establece, correctamente, que no fue María quien se eligió a sí misma de entre todas las mujeres; fue Dios quien la eligió. No fueron sus propias palabras aquellas en las que María pone su fe; lo fue, la palabra de Dios. La Virgen Madre es bendecida, tanto por ser elegida, como por su fe. Su bendición no vine a ella debido a su propia iniciativa, sino a su cooperación.

La Visitación es en realidad una afirmación del patrón ya discernible en la Anunciación. Porque la selección de la Santísima Virgen María tiene su origen en ese misterio, y el papel de Isabel en el Evangelio de hoy es dar voz humana a la verdad de la divina maternidad. Pero la elección de María por  Dios no podía serle impuesta. Tenía que ser libremente aceptada, y eso fue lo que ocurrió. “Soy la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra”. (Lucas 1,38)

Nuestra Señora asiente claramente a la maternidad. Sucede que este, de la maternidad, es un tema principal en Mulieris Dignitatem

(Sobre la dignidad y vocación de la mujer), la Carta Apostólica de 1988 del Papa San Juan Pablo II. Hacia la mitad de ese documento, el pontífice dice que la maternidad da a las mujeres una nueva actitud que marca profundamente su personalidad. Aquí no se está refiriendo él solamente a la madre respecto del niño que ella lleva; el vínculo entre los dos es innegable. La referencia es, también, a cómo una madre se relaciona con las personas en general. Hay una mayor sensibilidad, postula el Papa, que una madre tiene hacia quienes la rodean una vez que ha concebido y está embarazada. (cf. MD, 18.) Al final de la carta, el Papa llama a este aumento de la sensibilidad «una manifestación del ‘genio’ que pertenece a las mujeres». (MD, 30)

Entendiendo la caridad, como lo hace san Pablo, es decir, como regocijo  con los que se regocijan y llanto con los que lloran (cf. Romanos 12, 15), podemos decir, de la Visitación, que la Santísima Virgen está mostrando caridad respecto de Isabel. Pero también podemos decir que María está demostrando una mayor sensibilidad al mismo tiempo. La caridad es una virtud infundida en el alma, mientras que el aumento de la sensibilidad es lo que parece, humanamente hablando, pero eso no tiene en cuenta su efecto en lo que a la gracia se refiere.

El aumento de la sensibilidad es loable en la medida en que contribuye al objetivo de la unidad y la solidaridad dentro de la familia humana. Sin embargo, la maternidad siempre se entiende, en primer lugar, a nivel personal. Concebir un hijo y ser madre de ese niño es el camino para que una mujer y su hijo inicien una cooperación con la Divina Providencia, y mediante el cual la imagen y semejanza de Dios (cf. Gen 1, 27) sean contemplados —tanto literal como figurativamente.

La Virgen y el Niño no son solo una imagen adecuada para una tarjeta de Navidad. En un nivel más profundo, son una señal profética de que el Señor no nos abandonará. Nos recuerda la imagen adecuada del profeta Isaías en el capítulo 49 de su libro del Antiguo Testamento. Allí escribe: “¿Puede una madre olvidar a su bebé? . . . Aún si ella te olvidare, no te abandonaré». (v.15)

La Santísima Madre nunca olvidó a su Hijo y, por tanto, no podemos dejar de recordar la fidelidad del Señor a su alianza con nosotros. Volviendo una vez más a Mulieris Dignitatem: el Papa San Juan Pablo II afirma allí que toda maternidad en la historia de la humanidad está relacionada con la alianza que Dios estableció con el género humano a través de la maternidad de María. (cf. MD, 19) La concepción de Jesús por el poder del Altísimo (cf. Lucas 1, 35) y su consiguiente cuidado del Hijo del Altísimo (cf. Lucas 1, 32), hasta el punto de las lágrimas en el Calvario, es un poderoso testimonio del poder de la influencia de una mujer en la historia; y de cómo, la realización de su vocación, de cada madre, también ayuda a moldear la historia del mundo.

En estos últimos días de Adviento, nos preparamos para la venida del Cristo Niño. Nuestra preparación no puede dejar de lado la maternidad de María, porque esta es la forma absolutamente indispensable de que seamos salvos del pecado y la muerte. La carne y la sangre de la mujer de Nazaret fueron el primer lugar en el que permaneció Nuestro Salvador —antes de hacerlo en el pesebre en Belén.

Antes de llegar al nacimiento del Señor, honremos al Arca de la Alianza, por enseñarnos cómo amar a los hijos que tenemos —los de carne y hueso y los que son espiritualmente nuestros hijos. El amor de una madre nos trae consuelo y paz. Sean estos, abundantemente, nuestros regalos al final de esta semana, para la celebración de la Natividad del Señor.

Mons. Robert Batule

DOMINGO 19 DE DICIEMBRE DE 2021

Tomado/traducido por Jorge Pardo Febres-Cordero, de:

https://www.thecatholicthing.org/2021/12/19/María-motherhood-and-world-history/

Sobre el Autor

Mons. Robert J. Batule es sacerdote de la Diócesis de Rockville Center. Actualmente es el párroco de la parroquia de Saint Margaret en Selden, Nueva York. También es el editor en jefe de Catholic Social Science Review y ha sido colaborador de artículos, ensayos y reseñas de libros para varios diarios, revistas y periódicos durante el curso de su ministerio sacerdotal.-

 

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