Cultura Católica

Nazaret: iglesia de san José y casa de la Sagrada Familia

Junto a la basílica de la Anunciación, en Nazaret encontramos la que pudo ser la casa y el taller de san José

La visita a Nazaret tiene su punto imprescindible en la Basílica de la Anunciación, y junto a ella, en el mismo recinto, en la iglesia de san José.

Al caminar desde el baptisterio de la basílica hasta la fachada de la iglesia de san José, en el recorrido habrá quedado a mano derecha el edificio del monasterio franciscano que los une.

A la izquierda, antes de que entremos en el templo, también veremos una preciosa escultura contemporánea de estilo realista dedicada a san José.

Una vez en el interior de la iglesia de san José, a unos metros por debajo del suelo, podemos visitar la que pudo ser en Nazaret la casa de san José y más tarde el hogar de la Sagrada Familia, con el taller del Santo Patriarca.

De nuevo, como ocurre al investigar las fuentes históricas de la basílica de la Anunciación, nos encontramos con que varios Padres de la Iglesia hablaron de que en el siglo II vivían parientes de JesúsEstos conservaban tanto la habitación de la Virgen (basílica de la Anunciación) como la casa donde vivió la Sagrada Familia. Es de suponer que previamente habría sido la casa de san José y que por eso cuenta con un espacio presumiblemente dedicado a taller.

SAINT JOSEPH'S
Bajo el altar de la cripta, la inscripción recuerda el relato evangélico: «Hic erat subditus illis», aquí Jesús obedecía como hijo a María y a José.

Las excavaciones arqueológicas ahora nos permiten hacernos una idea de cómo era el Nazaret del Evangelio; puesto que ya en el exterior hemos visto, bajo el atrio, más viviendas excavadas. Sin embargo, ya los cristianos de los primeros siglos veneraban este punto en particular.

No puede ser una construcción más sencilla. Paredes excavadas en la roca, de forma rudimentaria pero eficaz para salvar los desniveles del terreno; ya que Nazaret está construida sobre la ladera de una montaña. Hay que imaginarse los trabajos en madera que realizaría san José, artesano, para hacer de este espacio un hogar cálido y acogedor para el Hijo de Dios y su Madre.

Entramos en la iglesia de san José, que es de estilo neorrománico. Se construyó en 1914 (siglo XX) y es más bien austera y de cierta altura. En la época de los cruzados se había levantado una iglesia, que fue destruida. Con todo, sabemos que se la denominaba la iglesia de la Nutrición, porque allí recibió el alimento el Niño Jesús en su infancia. Posteriormente, en el siglo XII los franciscanos habrían levantado también una iglesia que también quedó destruida.

En la capilla lateral de la derecha, junto al presbiterio, está el sagrario; y en el ábside una pintura recuerda al ángel hablando en sueños a san José.

El Santo Patriarca, al que el papa Francisco consagró un Año Jubilar, que concluyó el 8 de diciembre de 2021, es la figura más destacada de esta iglesia. Ésta pertenece a la diócesis del Patriarcado Latino de Jerusalén. De ella se encarga la Custodia de Tierra Santa, que llevan los franciscanos desde el año 1263; y oficialmente desde el año 1342 al ser aprobada con dos bulas del papa Clemente VI.

Desde la nave lateral izquierda, bajamos unas escaleras. En el subsuelo, donde se hallaría la vivienda de la Sagrada Familia y el taller de san José, hay hoy una cripta con un altar. En su base, se lee la inscripción : «Hic erat subditus illis». Como dice el evangelio de san Lucas, después de que el Niño Jesús se perdiera en Jerusalén y la Virgen y san José lo encontraran al tercer día en el Templo, regresaron a casa:

Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas.

Y todos los que los oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas.

Al ver, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: «Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados».

Jesús les respondió: «¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?».

Ellos no entendieron lo que les decía.

El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón.

Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia, delante de Dios y de los hombres.

(Lc 2, 46-52)

Sin embargo, solo en este lugar encontramos el añadido del adverbio latino «hic» («aquí») en la inscripción. Y es porque precisamente aquí sucedió que Jesús obedecía a la Virgen y san José en su vida oculta.

En una de las habitaciones, una especie de piscina o depósito al que se accede por medio de siete escalones, hace pensar en un baño ritual judío. Vemos allí fragmentos de mosaico en blanco y negro.-

Dolors Massot – publicado el 26/12/21-Aleteia.org

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