Testimonios

In Memoriam: Monseñor Aldo Giordano

En su última entrevista en Budapest afirmó que Venezuela le había robado el corazón

Cardenal Baltazar Porras Cardozo:

 

El dos de diciembre pasado nos sorprendió con la triste noticia de la muerte de quien hasta apenas unos meses era el representante pontificio en Venezuela. Durante seis años llenos de compromisos inesperados en el ejercicio de la función del decano del cuerpo diplomático acreditado en nuestro país. Junto a ello, la vocación de evangelizador inherente a su ministerio episcopal, lo llevó a recorrer todo el país, para acompañar, conocer y animar la fe del pueblo sencillo que guarda de él la imagen risueña y sonriente de quien portaba los saludos y bendiciones del Papa Francisco.

 

Durante su estancia entre nosotros le correspondió elaborar los informes para los nombramientos y traslados episcopales. En el último sexenio más de treinta entre consagraciones de nuevos obispos, traslados de una sede a otra, creación de diócesis, más los informes tanto eclesiales como de la situación local, forman parte del callado trabajo que requiere estudio, consultas y elaboración de opiniones sobre lo humano y lo divino. Todo ello con la característica específica de ser, en primer lugar, hombre de Dios y de oración; segundo, representante de la Iglesia al servicio del ministerio petrino. El silencio sereno, la paz interior y la preocupación por los excluidos y marginados de la sociedad, constituyen una escuela personal para crecer en la fe personal y en el apoyo a la iglesia que peregrina en nuestra patria.

 

Su última entrevista, ya trasladado de Venezuela a Bruselas, la dio durante el Congreso Eucarístico Internacional en Budapest (Hungría), donde afirmó que Venezuela le había robado el corazón. Las devociones populares, el amor a la Virgen en las diversas advocaciones, prefiriendo la de Coromoto que se la llevó consigo y pidió que si llegaba el momento del paso de esta vida a la otra, lo amortajaran con la casulla que tenía esculpida la imagen de la patrona nacional.

 

Mons. Aldo Giordano, nació en Cuneo (20-8-1954), en el Piamonte italiano, en la cercanía de la frontera con los Alpes, montañas que aprendió a escalar, siendo junto con sus sobrinos uno de los deportes que lo llevó a escalar parte del Himalaya. Cuando visitó los Andes, le evocaba su tierra natal por el paisaje sinuoso y fresco de las verdes montañas andinas. Sus estudios primarios, secundarios y eclesiásticos los cursó en su tierra natal. Recibió la ordenación sacerdotal el 28 de julio de 1979. En la Universidad Gregoriana de Roma estudió filosofía, con el doctorado sobre el pensamiento de Nietzsche (1978-1982). Ejerció las cátedras de filosofía (1982-1996) en el Seminario Interdiocesano de Fossano (Cuneo), alternando con el servicio pastoral en diversas comunidades parroquiales.

 

El 15 de mayo de 1995 fue elegido secretario general del Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa y fue trasladado a St. Gallen. Sirvió en este cargo durante trece años. El 7 de julio de 2008 fue nombrado Observador Permanente de la Santa Sede ante el Consejo de Europa en Estrasburgo. En septiembre de 2013 publicó el libro: Otra Europa es posible, los cristianos y las perspectivas para el Viejo Continente Ideal.

 

El 26 de octubre de 2013, fecha natalicia de José Gregorio Hernández, fue nombrado Nuncio Apostólico en Venezuela y Arzobispo titular de Tamada. Y su última responsabilidad en nuestro suelo estuvo también ligado a nuestro beato, pues presidió a nombre del Santo Padre la beatificación del santo de Isnotú. Presintió que su ministerio como nuncio estuvo bajo la protección del santo de los pobres. El 8 de mayo de 2021 fue nombrado Nuncio Apostólico ante la Unión Europea. Inexplicablemente el azote del Covid19 lo contrajo y tuvo que ser hospitalizado apenas regresó a Bruselas a mediados del mes de septiembre. Sus familiares cercanos estuvieron a su lado en los dos últimos meses. Al agravarse fue trasladado a una unidad de cuidados intensivos en Lovaina, ciudad emblemática en el pensamiento y ciencia desde el medioevo. El ejemplo de virtud lo acompañó hasta el final. Todos los esfuerzos de los galenos fueron inútiles y falleció el 2 de diciembre. Sus exequias fueron presididas por el Cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado de Su Santidad. El domingo 19 de diciembre, la Nunciatura Apostólica, el episcopado venezolano y la arquidiócesis de Caracas, rindieron oraciones por su eterno descanso y en agradecimiento a los muchos mensajes recibidos de todos los sectores.

 

Descanse en paz, servidor bueno y fiel, entra al descanso de tu Señor e intercede por tu pueblo, por la Iglesia a la que serviste como humilde vicario parroquial hasta las representaciones ante la Comunidad Europea y la nunciatura en Venezuela. Llevas en tu alforja la entrega total a la fe que recibiste de tus mayores y multiplicaste los talentos recibidos para pasar al Reino preparado para los siervos buenos y fieles.

72.- 23-12-21 (4856)

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