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El Papa Francisco implora al mundo a no capitular

Egildo Luján Navas:

En su Homilía de la misa de este 6 de enero, y  en la solemnidad de la Epifanía celebrada en la majestuosa Basílica de San Pedro, el Papa Francisco  lamentó dolorosamente  que comunidades de creyentes parecieran no desear luchar más por el bien común. Inclusive, que , cansadas, se dejarán arrastrar por la voluntad de malvados opresores y delincuentes.

Adicionalmente, invitó a vencer la apatía, y a hacerlo impulsados por el deseo de Dios. Para el Papa, la falta del deseo de luchar, de desgano o de rendición, lleva a la tristeza y a la indiferencia, y permite sucumbir ante la fuerza y el abuso.

El mensaje del Pontífice, sin duda alguna, no se corresponde con una expresión accidental; tampoco es una simple ocurrencia ideal para impactar a los creyentes presentes y a los ausentes. Por el contrario, se trató de una manifestación espiritual  con la que el Santo Padre Francisco, por igual, pareciera estarse refiriendo a cada uno de los focos de atención internacional, y en los que la voz y el sentimiento Católico no es precisamente una brizna en el medio de un desierto o de una llanura de cualquier parte de la Tierra.

De hecho, tan válido es apreciar el desentendimiento político en los Estados Unidos a un año de sus elecciones presidenciales, a la insistencia rusa en querer ser amo y señor de sus sitios de ascendencia, el «me dá la gana» de China con Taiwán  y ganas de Corea del Norte con el que le provoque en sus apetencias ante Corea del Sur. ¿Y quién dice que no es posible dar como un hecho que al Papa Francisco también le inquiete el caso venezolano, en vista de que su origen latinoamericano le permite tener claro en qué consisten ciertos hechos como los de su Argentina, Chile, El Salvador, Cuba, Honduras, Nicaragua, Perú y la frágil situación de Brasil y de Colombia?

Como Venezuela tiene sus dolientes con la piel sensible, es absolutamente válido y legítimo  que sus hijos residentes o que hoy están en cualquier parte del mundo, consideren que el Papa Francisco, al citar el caso señalado, se refería -también- a los hijos de Venezuela, incluyendo a los habitantes de Barinas, comprometidos con lo que sucederá este domingo 9 de enero, cuando se celebre un proceso electoral que, por supuesto, «no es ni será cualquier cosa».

A los hijos y hermanos de Barinas, el mensaje nacional es hoy el de solidaridad, de estímulo ante la importancia de convertir la unidad en guía política nacional, antes y después del ejercicio comicial. Votar el 09 de enero es mucho más que la construcción de una lección dentro y fuera del territorio de la República Bolivariana de Venezuela. Es, sin duda alguna, un nuevo paso al frente de la necesidad e importancia de la unidad ciudadana; de una demostración de respaldo a  la recuperación de la democracia, la libertad y la necesaria e impostergable refundación del país maltratado.

Coronar la victoria electoral en respuesta a cada uno de esos principios, incluso, es un triunfo adicional, sobre todo,  para erradicar el sistema de dominio en el que se sustentan engaños y se anulan valores civiles, a la vez que se fortalecen objetivos grupales sobre los que hoy se construye miseria, pobreza, ruindad moral y ética, mientras se habla de grandeza y de soberanía, cuando la real apreciación en la que se funciona administrativamente,  es en la falsa alimentación  de ejemplos de gobernanza.

Sin duda alguna, el Papa Francisco está consciente de lo que la Iglesia Católica venezolana ha cargado sobre sus hombros desde hace ya también 23 años. Y es precisamente allí, en los alcances de dicha realidad, lo que hoy, con el caso de Barinas, una golpeada población creyente alza su voz, da los pasos que se necesitan para el país comience a hacerle frente a lo que ha significado el sufrimiento de la metastásica y constante destrucción de que ha sido objeto.

La depredación y saqueo de los ya menguados inventarios de bienes y valores describen la manera como al país se le sigue sumiendo en un estado de pobreza crítica, como de un drenaje poblacional o diáspora que hoy está considerada como la más numerosa del mundo.

El colmo, además, es que, a la par de tales hechos, a la Venezuela otrora referencia de bienestar y prosperidad, hoy  se le insiste en seguir convirtiendo en  laboratorio de ensayos para afinar procesos, acerca de cómo sí es posible apoderarse de la rectoría y dominio de un país, utilizando como disfraz procedimientos camuflados de democracia,  además de distorsiones y populismo lleno de promesas que nunca se cumplen, porque lo que predomina es la apariencia de un bienestar que no supera su condición de pobre pan y  de mal circo.

No obstante -y por la gracia de Dios- los venezolanos se han caracterizado por ser los componentes de un pueblo de luchadores rebeldes por naturaleza, lo que les ha convertido en triunfadores en muchas cruentas batallas independentistas. De hecho, ante este nuevo episodio histórico de los últimos 23 años, la lucha ha sido difícil y permanente. Y ha hecho posible que, finalmente, su sufrimiento, lucha y demanda de atención, haya logrado captar dicha situación y el interés del mundo entero. A esos observadores internacionales, les ha demostrado que lo que ha estado sucediendo  no es un conflicto desdeñable. Por el contrario,  representa una posibilidad inminente de expansión y de peligro que amenaza a todas las democracias del mundo occidental y, especialmente, al propio Continente Americano.

Hay un alentador hecho cierto. Y es que mientras que los países se adentran en los retos y exigencias del 2022,  más de 50 naciones integrantes de las democracias occidentales le han dado su apoyo a los venezolanos.

La Iglesia Católica, organización religiosa que goza del respeto, credibilidad y confianza de más del 80% de los creyentes con dichos, hechos y acciones, valientemente, ha demostrado su gran preocupación por la presente situación que refleja la acción antidemocrática y lo que traduce sus alcances,  sin escatimar esfuerzos, ni el riesgo personal para sus integrantes. Dicha expresión religiosa no es una organización de combate físico; sólo defiende a la humanidad de las injusticias, de las crueldades, como del sufrimiento humano. Y lo hace a partir de la sagrada palabra de Dios, la fe incondicional de sus seguidores, además de la difusión de su voz fundamentada en el respeto al prójimo, la humildad, la justicia y el bienestar del ser humano.

Con enero del 2022, la Iglesia Católica inició su «Asamblea Plenaria del Episcopado». Una vez más, lo ha hecho convencida y consciente del avanzado estado de deterioro que continúa sufriendo el pueblo venezolano. Recientemente,  por intermedio de la Presidencia de la Conferencia Episcopal de Venezuela, recomendó la «REFUNDACION» del país como solución para lograr justicia, paz y progreso. Desde luego, en la conclusión de su actual encuentro, tan vigente al comienzo de lo expuesto como lo que hoy traduce, prevalece la expectativa alrededor de la importancia de que, con su culminación, una vez más, persevere la necesidad de ratificar el respaldo a su acertada propuesta, como solución para el país y ya apoyada por la Sociedad Civil.

Lo que se plantea, es: insistir en la reforma o establecimiento de  nuevas bases constitucionales; auspiciar la descentralización regional y la redistribución justa de ingresos; la separación de los poderes; el funcionamiento de  un Congreso Bicameral; elecciones libres y confiables con posibilidad de doble vuelta electoral. Asimismo,  establecer bases justas para un ingreso salarial digno; libertad de empresa; veto al Estado empresario; respeto a la propiedad privada; Estado de Derecho; priorizar la educación y al sector salud, entre otras tantas reformas necesarias.

Desde luego, ante todo ello,  también «Formato del Futuro» se suma hoy a las diferentes instituciones venezolanas  que han expresado su sentir y confianza en el respetable cuerpo de la «Conferencia Episcopal», como  por el logro del éxito de las deliberaciones y conclusiones, y en la escogencia de sus nuevas autoridades.

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