Iglesia Venezolana

Mons Moronta: Homilía en el acto eucarístico inaugural de la Asamblea de Obispos

"Si algo hoy necesita Venezuela es llenarla con la fuerza renovadora de la Nueva Creación"

 

HOMILIA ACTO EUCARISTICO INAUGURAL ASAMBLEA EPISCOPAL CARACAS 7 DE ENERO 2022

El evangelio de la Liturgia Eucarística de este día nos refiere el mensaje profético donde se anuncia la luz resplandeciente que ilumina al pueblo que caminaba en tinieblas. Esa luz, avizorada en forma de aurora en los tiempos de la antigua alianza, se hizo presente en el portal de Belén. La estrella que guió a los reyes del Oriente aparece como el signo de esa misma luz: es la presencia viva del Dios-con-nosotros.

Jesús, incluso, se auto identificará como la “Luz del Mundo”. Bíblicamente, este símbolo traduce “salvación-liberación”. De hecho, en el relato de la Creación lo primero que Dios crea para destruir el caos inerme es la Luz, con lo cual se anuncia el inicio de una nueva forma de vivir, rompiendo con la oscuridad del pecado y de la muerte. Jesús, con su encarnación, hará sentir a la humanidad que ya llegó la luz que se veía en el horizonte de la peregrinación del pueblo de Dios.

Por el bautismo nos convertimos en hijos de la luz, revistiéndonos de la armas de la misma. Así, cada uno de nosotros es elegido para iluminar el camino de todos hacia la plena novedad de la salvación. Los Padres de la Iglesia tomarán con frecuencia este símbolo para retratar la existencia del creyente y discípulo de Jesús. El testimonio de vida no es otra cosa sino la manifestación esplendorosa de esa luz de Cristo.

Por otra parte, el conjunto de todos los creyentes en la comunión de la Iglesia retoma este mismo signo. LUZ DE LAS NACIONES: así es definida la Iglesia en el Concilio Vaticano II. Al serlo, se pueden destacar dos cosas importantes: la tarea de iluminar con su misión a toda la humanidad y la forma cómo se hace esta tarea: encarnándose en la sociedad. La luz que hace brillar la Iglesia acompaña a todos los hombres y mujeres, creyentes o no, para ir alcanzando poco a poco la plenitud.

Con el anuncio del Evangelio y la edificación del Reino de Dios, la Iglesia sale al encuentro de toda la humanidad. Entonces, le ayuda a iluminar su camino, a superar las dificultades, a romper con las tinieblas y la oscuridad, amén de invitar a todos a lo gozosa experiencia de la fraternidad. La Luz que ofrece la Iglesia esparce en sus rayos iluminadores la justicia, la paz, la reconciliación, la esperanza, la plenitud hacia la que se debe encaminar toda la comunidad humana.

En nuestra Nación, por las circunstancias que vivimos con la pandemia y la grave crisis que se está sufriendo, con sus riquezas y pobrezas, con lo que le es propio y la participación de todos los miembros del pueblo de Dios, la Iglesia también es luz para todos. No es ningún secreto que atravesamos por cañadas oscuras, llenas de barrancos. Desde su pertenencia al pueblo, con sabor a pueblo precisamente, nuestra Iglesia en Venezuela hace posible lo que anunciaba el profeta y que se ha cumplido en Jesús: “El pueblo que andaba en tinieblas ha visto una luz”.

Es cierto que muchos quisieran hacer de la Iglesia una institución al servicio de sus intereses particulares, en especial los dirigentes políticos. Es verdad también que no pocos le pretenden exigir a la Iglesia que sea como una de tantas organizaciones filantrópicas para brindar asistencia a los más necesitados. También es real el hecho de que se busca malinterpretar el mensaje de los pastores acomodándolos a las opiniones personales o a propuestas reñidas con la vida concreta de nuestro pueblo.

Desde esta perspectiva, y en el marco de esta oración eucarística al inicio de nuestra Asamblea Episcopal de enero 2022, podemos destacar, entre otras, tres acciones o tareas que muestren cómo la Iglesia es esa luz que brilla en las tinieblas y que es percibida por nuestra gente con esperanza.

La primera de ellas tiene que ver con algo irrenunciable a la misión de la Iglesia. El Papa Francisco ha pedido que ella se caracterice siempre por estar en salida. Esto implica hacer realidad la encarnación de la misma Iglesia dentro y con el pueblo. No podemos pensar que la Iglesia excluye a unos para atender a otros. Todos somos hermanos y una de las consecuencias de la misión de la Iglesia es hacerlo sentir. Es fruto de la Luz que hace brillar a todos. Esto conlleva que todos los miembros de la Iglesia se sientan, porque de verdad lo son, pueblo. Y, sin miedo alguno, sencillamente estar al lado de los más pequeños, pobres, excluidos y vulnerables. Esto conlleva la actitud propia de la sinodalidad: caminar juntos.

Otra tarea es la libertad con la que esa Iglesia debe actuar. Libertad que supone la comunión con Dios y con los demás; comunión entre los pastores y de éstos con el pueblo y las personas de buena voluntad. Libertad para exponer la Verdad del Evangelio que, en el fondo, es la única que nos libera. Esto nos permite recordar lo que Pablo nos advirtió: “Para esto nos liberó Cristo, para ser libres” (Gal 5,1). Libertad para liberar. Y desde esta experiencia anunciar y denunciar, convocar y comprometer, reafirmando el papel de todo el pueblo como sujeto social de su liberación plena en todos los sentidos.

Y la tercera acción que queremos destacar es el efecto maravilloso de la Luz de Cristo. Es una Luz creadora de cosas nuevas. Como lo dijimos en el Concilio Plenario de Venezuela, con dicha Luz aportamos nuestra fuerza y compromiso para la construcción de una nueva sociedad en Venezuela. En este sentido, incluso hemos hablado de refundar la Nación venezolana. Muchos, equivocadamente o movidos por intereses muy particulares, han querido hacer una lectura reduccionista de esta propuesta. No es volver atrás, no es recuperar los espacios perdidos, no es sacar a unos para volver los otros a puestos de poder… Si algo hoy necesita Venezuela es llenarla con la fuerza renovadora de la Nueva Creación.

Iluminados con la Luz en ese proceso refundante se debe asumir una tarea irrenunciable y urgente: la promoción, captación y formación de un nuevo liderazgo, para que orgánica y organizadamente sean capaces de conducir a la gente por sendas seguras de desarrollo, crecimiento y participación. En esto, el aporte de la Iglesia con sus mensajes y la Doctrina Social propia será una excelente manera de hacer sentir la Luz de Cristo liberador.

Al comenzar nuestra Asamblea de este enero 2022, nos colocamos en las manos del Cristo presente en la Eucaristía y en su Palabra. Él es la luz que destruye todo tipo de tinieblas, en especial las que hoy se caracterizan por la opresión, la corrupción, el conformismo, la mediocridad y la destrucción de lo auténticamente humano. Su fuerza nos ayudará y sostendrá en todas las importantes decisiones a tomar y en las propuestas de enseñanza al pueblo de Dios. Junto a Jesús que nos acompaña, está la maternal protección de María de Venezuela, Nuestra Señora de Coromoto.-

+MARIO MORONTA R., OBISPO DE SAN CRISTOBAL

I VICE-PRESIDENTE DE LA CEV.

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