Opinión

Otro 23 de Enero

Alfredo Coronil Hartmann:

Se cumplen 64 años de aquel 23 de enero, de aquel amanecer auroral de nuestras libertades y de nuestra democracia. No faltarán las invocaciones al llamado “espíritu del 23 de enero” y las exaltaciones emotivas a la unidad de los protagonistas de ese entonces. No creo necesario insistir en la ponderación obvia de las ventajas de una acción concertada de las fuerzas democráticas y la sociedad civil en esta coyuntura.

Pero, objetivamente salvo la fecha auspiciosa, poco tiene que ver la realidad de este bagazo de país con aquella Venezuela viva y palpitante, lista para resurgir de las cenizas como un ave fénix siempre dispuesta a sacudir las alas y buscar horizontes de esperanza.

En el 58 veníamos de padecer 10 años de gobiernos militares, mas de diferentes tesituras, tan es así que los resistentes establecían la diferencia entre la Dictablanda presidida por el Teniente Coronel Carlos Delgado Chalbaud y la dictadura propiamente dicha instaurada después de su asesinato (1948-1950) fechas que coinciden con la sustitución de Jorge Maldonado Parilli por Pedro Estrada en la dirección de la Seguridad Nacional.

En efecto los dos años que protagonizó Carlos Delgado Chalbaud, fueron necesariamente autoritarios, pero no dictatoriales, una serie de venezolanos muy ilustres lo apoyaron, como Luis Alfredo Gómez Ruíz en la cancillería, José Rafael Pocaterra en la embajada en Washington, Don Augusto Mijares en educación, Antonio Martín Araujo, etc.

El talante abiertamente despótico apareció después de que eliminaron a Carlos Delgado y fue una represión brutal. Esa resistencia heroica la hizo esencialmente la gente de Acción Democrática, el Partido Comunista se sumó, pero era tan conveniente al gobierno mezclar al comunismo con su lucha, a los efectos de mantener el apoyo de los Estados Unidos al régimen en el marco de la guerra fría, que apenas los persiguió, COPEI y URD muy poco aportaron en los primeros años, solo en las postrimerías y en el marco de la Junta Patriótica se hicieron sentir, una golpiza propinada a Edecio La Riva Araujo en las calles de Caracas, al dirigente tachirense Patrocinio Peñuela Ruíz y Eduardo Tamayo Gáscue acapararon los daños físicos de la tenebrosa SN por el partido del Doctor Caldera.

Pérez Jiménez fue un asesino y también un gran corrupto, pero no un corruptor de la sociedad venezolana, los más de 22 años del “proceso” por el contrario, han estado orientados con persistencia digna de mejor causa, a enfermar y corromper el alma de los venezolanos, es en el ámbito moral y ético donde está más hondamente herida nuestra sociedad y ese daño es el más difícil de revertir.

La sociedad venezolana de hoy no posee ni remotamente la fuerza y la decisión necesarias para por su solo arbitrio revertir el espantoso drama que vivimos y reencauzar nuestros pasos por la senda de la regeneración y el rescate de nuestros valores. Carecemos de dirigentes que realmente dirijan, con coraje y determinación el rescate necesario. Que creemos los anticuerpos necesarios es vital, apenas María Corina Machado y la jerarquía eclesiástica nos salvan la cara. Dios los bendiga.-

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