Opinión

Soy una mediadora de conflictos. Esta es una forma de salir de la crisis de Ucrania

En lugar de aumentar las amenazas, los países occidentales deberían ofrecer a Vladimir Putin una escalera para bajar

Gabrielle Rifkind:

La narrativa occidental actual sobre la crisis de Ucrania es que Rusia es una potencia maquiavélica con una agenda expansionista. Esa visión está dando forma a nuestra respuesta: estamos igualando la agresión de Vladimir Putin, enfrentando fuerza con fuerza y amenazas con amenazas. Pero, ¿qué pasaría si tratáramos de entrar en la mente del enemigo y nos preguntáramos qué es lo que motiva la agresión? Al hacerlo, ¿podríamos romper este ciclo – y ofrecer a Putin una salida, también?

Cuando la URSS desplegó misiles balísticos en Cuba en la década de 1960, su proximidad a Estados Unidos estuvo a punto de desencadenar una tercera guerra mundial. Hoy en día, sentado en Moscú, ¿ve Putin el hecho de estar rodeado por la OTAN como una amenaza equivalente? Después de todo, una de sus principales exigencias es que la OTAN frene su expansión cerca de la frontera rusa y que Ucrania no se una a ella. Rusia afirma que Estados Unidos dijo en repetidas ocasiones a los líderes soviéticos que incorporaría a Rusia a un marco de seguridad europeo cooperativo. En la práctica, la OTAN surgió como un marco de seguridad dominado por Estados Unidos, con unos 75.000 soldados estadounidenses todavía en suelo europeo. Las grandes potencias siempre tratan con recelo y hostilidad la presencia de grandes potencias rivales en sus fronteras.

Putin siempre ha estado amargado por el colapso de la Unión Soviética. Esperó su momento, y en 2014 Rusia se apoderó de Crimea y envió tropas a la región ucraniana de Donbás, mayoritariamente rusófona, para apoyar al movimiento separatista.

La Rusia de hoy no es una democracia liberal benigna y el presidente Putin tiene una mentalidad de inteligencia, prefiriendo jugar póker, no ajedrez. Está dispuesto a amenazar con la guerra, crear el caos y difundir información errónea para hacer retroceder a la OTAN de las fronteras rusas. Utilizando la diplomacia coercitiva, ha acumulado más de 130.000 soldados en la frontera oriental de Ucrania, una amenaza continua para su soberanía.

Sin embargo, por muy provocador que sea el comportamiento de Rusia, los gobiernos occidentales tienen la responsabilidad de no intensificar la amenaza de guerra. Las consecuencias de un enfrentamiento directo entre Estados Unidos y Rusia en Ucrania serían catastróficas para todas las partes. Una guerra convencional a gran escala podría derivar en una guerra nuclear. Incluso una guerra limitada crearía una ruinosa crisis económica mundial que podría destruir en un futuro previsible cualquier posibilidad de acción seria contra el cambio climático.

He trabajado en la resolución de conflictos durante los últimos 20 años y he visto los peligros de tropezar con las guerras, sin poder detenerlas ni dar marcha atrás. La venta de armas a un país puede parecer un acto principista en apoyo de un aliado, pero ello suele llevar cada vez más al atolladero del conflicto. Estados Unidos y el Reino Unido han instigado y participado en cuatro guerras fallidas este siglo, pero parece que no hemos aprendido las lecciones.

Hay quienes argumentan que el envío de apoyo militar a Ucrania fortalece la postura de la OTAN en la mesa de negociaciones. Sin embargo, este enfoque conlleva peligros: el uso de la disuasión podría ser precisamente lo que intensifique la escalada.

Washington y Londres se han comprometido a aumentar la ayuda militar ofensiva a Ucrania y han anunciado entregas de armas, munición y armas antitanque. El Reino Unido está tratando de ponerse a la cabeza de los esfuerzos occidentales para prevenir lo que el primer ministro, Boris Johnson, ha llamado el riesgo de una «guerra relámpago» en el este de Europa.

Alemania se ha mostrado mucho más escéptica y ha bloqueado la transferencia de armas de fabricación alemana de los países bálticos a Ucrania. Hace tiempo que se opone al envío de armas a zonas de conflicto activo. Alemania ha declarado que está dispuesta a mantener un diálogo serio con Rusia para desactivar la peligrosa situación, argumentando que la diplomacia es la única vía viable.

Independientemente de lo que piensen los gobiernos occidentales sobre el comportamiento de Moscú, desescalar el conflicto y dar a Moscú una escalera por la que bajar redunda en interés de todos. No debemos subestimar el vínculo entre la humillación y la agresión. Putin es un hombre muy orgulloso, y una política inteligente por parte de los gobiernos occidentales debería ofrecer gestos para guardar las apariencias si nos tomamos en serio lo de evitar la guerra.

Según Anatol Lieven, académico y especialista en Ucrania, esta es «la crisis más peligrosa del mundo actual; también es, en principio, la más fácil de resolver». Existe una solución, elaborada por Francia, Alemania, Rusia y Ucrania en 2015, que pasa por la aplicación del acuerdo de Minsk II. Este ofrece la desmilitarización, el restablecimiento de la soberanía ucraniana, incluido el control de la frontera con Rusia, y la plena autonomía de la región de Donbás. La principal objeción de Kiev es que la autonomía del Donbás impediría a Ucrania entrar en la OTAN y en la UE.

Una forma de evitarlo sería que la OTAN declarara a Ucrania como país neutral y decretara que no se unirá a la OTAN durante al menos una década. En la práctica, la adhesión de Ucrania a la UE está descartada durante al menos una generación debido a la corrupción, la disfunción política y la falta de progreso económico de Ucrania.

Las conversaciones entre Putin y el presidente de Francia, Macron, tuvieron esta semana un tono más conciliador. Macron dijo: «No hay seguridad para los europeos si no hay seguridad para Rusia». Se necesita un foro permanente en el que Rusia sea bienvenida para reexaminar el sistema de seguridad de la posguerra fría en Europa. Este enfoque de cuestiones como el despliegue de misiles, el control de armas y la transparencia en torno a los ejercicios militares podría aliviar este conflicto. Este diálogo podría crear un clima de cooperación en materia de seguridad con Rusia.

 

Gabrielle Rifkind es especialista en resolución de conflictos y directora de  Oxford Process

 

Traducción: Marcos Villasmil

The Guardian/América 2.1

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