Lecturas recomendadas

Encuentros 31

La novedad del cristianismo no radica en el Templo o en un lugar sagrado o en un objeto específico, la novedad litúrgica se fundamenta en la persona de Cristo y su Misterio Pascual; de ellos adquiere su significado y su grandeza y es fuente inagotable de gracia

 

Nelson Martínez Rust:

 

¡Bienvenidos!

5º.  ¿Dónde celebrar?

Antes de contestar la pregunta es necesario partir de tres presupuestos de suma importancia. Primero: El evangelista San Juan afirma: “Dios es espíritu, y los que lo adoran, deben adorarlo en espíritu y verdad” (Jn 4,24). El segundo es el siguiente: Lo fundamental y primario en toda reunión litúrgica son los fieles convocados y reunidos en torno a la profesión de una misma fe – la “comunidad” debidamente preparada -: “Acercándoos a él, piedra viva, desechada por los hombres, pero elegida, preciosa ante Dios, también vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo” (1 P 2,4-5) y el tercero es el hecho de la incorporación de los fieles cristianos en el misterio de Cristo mediante el Espíritu Santo. Hecho que se efectúa por el Bautismo: “¿Qué conformidad entre el templo de Dios y el de los ídolos? Porque nosotros somos templos de Dios vivo, como dijo Dios: habitaré en medio de ellos y caminaré entre ellos; yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Por tanto, salid de entre ellos y apartaos, dice el Señor. No toquéis cosa impura, y yo os acogeré” (2 Cor 6,16-17).

¿Qué enseñanza encierran estos tres presupuestos?

1º. El cristianismo desmitologizadesacraliza – toda litúrgica; tanto la del Antiguo Testamento como las provenientes del mundo pagano – greco-romano -. El cristianismo, en cuanto novedad, crea igualmente un culto nuevo, distinto a lo anterior y, al mismo tiempo, peculiar. Su novedad ya no radica en el Templo o en un lugar sagrado o en un objeto específico, la novedad litúrgica se fundamenta en la persona de Cristo y su Misterio Pascual; de ellos adquiere su significado y su grandeza y es fuente inagotable de gracia.

2º. Toda la creación, en cuanto creada por Dios, es una realidad santa que ha sido confiada a “los hijos de los hombres” (Gn 1,27-31). Que, de alguna manera, sufre las consecuencias del pecado y toda ella está a la expectativa del cumplimiento y manifestación de la redención aportada por Cristo (San Pablo). Por consiguiente, todo lo creado es lugar propicio para la adoración de Dios y conduce a Dios. Así es como debe ser considerada y tratada la naturaleza (San Francisco de Asís).

3º. Lo antes señalado no significa, ni mucho menos, la abolición de los templos y lugares de culto. Por el contrario, centra la atención en la necesidad de preparar debidamente el lugar de culto de tal forma que prevalezca por sobre todas las cosas el reconocimiento de Dios-Padre, la dimensión comunitaria del creyente, la realidad sobrenatural del acontecimiento y la correcta presentación del Misterio que se celebra. En consecuencia, no se debe celebrar ningún sacramento – mucho menos la Eucaristía – o cualquier acto litúrgico, en cualquier rincón, salón múltiple o lugar de reunión.

4º. Ciertamente que Dios, en cuanto divinidad trascendente, no necesita de lengua especial, espacio, lugar o tiempo para expresarse, pero la esencia – naturaleza – del hombre sí necesita de las coordenadas del espacio-tiempo y del lenguaje para expresarse (Cf. La enseñanza de la Antropología).

5º. Toda celebración litúrgica tiene un doble punto de referencia: El Bautismo, portal de entrada, que abre las puertas a todas las celebraciones, y la Eucaristía, en cuanto plenitud y punto de llegada, hacia donde debe estar encaminado todo el quehacer de la Iglesia. En torno a estos dos sacramentos se orientan los demás y en ellos encuentran su plenitud.

6º. Teniendo ante nuestros ojos lo anteriormente expuesto y desde la “sinodalidad” nos preguntamos sobre la preparación bautismal en nuestras comunidades como también sobre el significado, puesto y preparación de nuestras celebraciones eucarísticas parroquiales: ¿Qué preparación bautismal ofrecemos a los catecúmenos respecto al bautismo? ¿Hacia dónde se orienta nuestro trabajo pastoral? ¿Hacia la celebración del “Misterio Pascual” o hacia una mera visión antropológica del hombre – promoción humana -?

Teniendo todo lo anteriormente señalado nos permitimos citar, a manera de resumen de todo lo dicho, los siguientes números del Catecismo de la Iglesia Católica:

La liturgia es la obra de Cristo total, Cabeza y Cuerpo. Nuestro Sumo Sacerdote la celebra sin cesar en la liturgia celestial, con la santa Madre de Dios, los Apóstoles, todos los santos y la muchedumbre de seres humanos que han entrado ya en el Reino” (1187).

En una celebración litúrgica, toda la asamblea es “litúrgo”, cada cual según su función. El sacerdocio bautismal es el sacerdocio de todo el Cuerpo de Cristo. Pero algunos fieles son ordenados por el sacramento del Orden sacerdotal para representar a Cristo como Cabeza del Cuerpo” (1188).

La Liturgia de la Palabra es una parte integrante de la celebración. El sentido de la celebración es expresado por la Palabra de Dios que es anunciada y por el compromiso de la fe que responde a ellas” (1190).

El canto y la música están en estrecha conexión con la acción litúrgica. Criterios para un uso adecuado de ellos son: la belleza expresiva de la oración, la participación unánime de la asamblea, y el carácter sagrado de la celebración” (1191).

 

Valencia. Julio 3; 2022

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