Lecturas recomendadas

Apostemos por un cambio político que ponga a la Educación…

en el centro de sus prioridades

Alfredo Infante, S.J.:

A finales del siglo XX y en lo que va del siglo XXI, el mundo entró en la llamada «sociedad del conocimiento», donde el «saber» y el «aprender a aprender» han emergido como las mayores riquezas de las personas y de los pueblos.

Los países que han contado con líderes estadistas al frente de la administración del Estado y han invertido en educación, ciencia y tecnología, repensando el papel de la escuela y la universidad en el nuevo escenario global para estar a la «altura de los tiempos», han visto fortalecer su liderazgo mundial en el concierto de las naciones.

Por el contrario, donde esto no ha sucedido ha habido un retroceso de tal calibre que la brecha de la desigualdad sociocultural, científica y tecnológica, respecto a los países de vanguardia, es escandalosamente incalculable, al punto de que las naciones rezagadas están quedando para producir mano de obra barata y materia prima, sacrificando la verdadera soberanía: su capital humano, su territorio y la autonomía política respecto a los intereses de las potencias mundiales y las corporaciones internacionales, regulares e irregulares.

En Venezuela, a finales del siglo XX, cuando se agotaba el ciclo democrático nacido de la «concertación de élites» del conocido Pacto de Punto Fijo de 1958, surgía un deseo de auténtico cambio y, al mismo tiempo, el mundo global comenzaba a evidenciar un «cambio de época» que nos adentraba a la «sociedad global del conocimiento». Justo en ese «kairós», tiempo oportuno, los venezolanos decidieron políticamente asumir una transformación que ha resultado, más bien, una resistencia al cambio y un salto atrás respecto a la «sociedad del conocimiento». Hoy nuestro país es uno de los más rezagados del continente, lo que, entre otras variables, ha expulsado a casi siete millones de personas en los últimos seis años.

¿Es posible reducir la brecha respecto a los países vanguardistas cuando en nuestros centros educativos están ausentes las ciencias y las conocidas «tres Marías» -matemáticas, física y química- no sé están impartiendo en casi un 90 % de los centros de enseñanza? ¿Qué decir al ver escuelas técnicas de informática que no cuentan con laboratorios adecuados ni profesores en el área? ¿Cómo avanzar cuando algunas universidades han cerrado las carreras científicas, y los pedagógicos y escuelas de educación están clausurados porque no hay personas que deseen abrazar la profesión docente?

En la misma ciudad de Caracas, la brecha sociocultural ha ido aumentando entre quienes estudian en colegios privados y quienes lo hacen en colegios públicos; y en el barrio, entre quienes están insertos en el sistema educativo y esa gran mayoría que está excluida del mismo.

Pero no podemos perder la esperanza. Debemos organizarnos y movilizarnos para que, tarde o temprano, haya un cambio político en el país y que, desde las altas esferas de decisión, se priorice la educación, se invierta en ciencia y tecnología, se mejore la calidad de vida de quienes sirven a la nación desde estas áreas y se trabaje para que los centros educativos tengan condiciones dignas y estén equipados en función de las necesidades formativas de estos tiempos. Solo así se podrá emprender la ruta del saber que nos llevará, poco a poco, a tocar los talones de la «sociedad del conocimiento». Nos lo merecemos.

Cómo decía Alberto Machado, el poeta español:

«Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar». 
Soñemos y trabajemos por un cambio de estructuras para dejar atrás la oscuridad, el atraso y la exclusión, y para que recorramos el camino de la luz y el conocimiento. Solo así seremos República soberana. Parafraseo a Simón Rodríguez: «Sin educación no hay republicanos y sin republicanos no hay República».-
Boletín del Centro Arquidiocesano Monseñor Arias Blanco
30 de septiembre al 6 de octubre de 2022/ N
° 160
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Foto: Crónica Uno

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