“Cárcel o destierro”: Sacerdote en Nicaragua revela en detalle cómo persigue la dictadura a la Iglesia Católica
Cada domingo, la policía llega a fotografiarlo. Debe informar cada salida de su parroquia, cada celebración, cada movimiento fuera de su territorio. Si habla de algún problema social en la homilía, arriesga una de dos cosas: cárcel o destierro

Desde el anonimato, un sacerdote en servicio activo en Nicaragua revela a ACI Prensa los mecanismos exactos con los que la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo controla, vigila y silencia a la Iglesia Católica en un país donde ya suman más de 1.030 ataques documentados contra los católicos y 149 sacerdotes han sido expulsados o exiliados.
La dictadura de Nicaragua agudizó la persecución contra la Iglesia en 2018, luego que los obispos y sacerdotes se ofrecieran para mediar entre el régimen y la sociedad civil, ante las protestas de la población.
El presbítero advierte que, hoy en día, parece que la población “se ha ido acostumbrado a la situación y ya no dice nada. Yo siento el ambiente como tranquilo pero siguen las limitaciones, que siempre están, porque no hay libertad”.
Cada domingo “la policía llega a tomarme fotografías”
Al hablar sobre cómo controla la policía a los sacerdotes y obispos, el presbítero cuenta que “siempre que hay celebraciones tenemos que informar cuáles son, dónde se celebran, tenemos que informar las salidas de nuestro territorio de la parroquia, tenemos que decir cuánto tiempo vamos a estar en algún lugar fuera de él”.
“Y la policía llega a tomarme fotografías, siempre, cada domingo. Es una forma de corroborar que estamos donde hemos dicho que vamos a estar. Los superiores policiales les exigen a los agentes que tengan evidencia de las visitas que hacen y así están controlando”, añade.
Si uno no informa, prosigue el sacerdote, “a veces no pasa nada, pero otras veces cuando ellos se dan cuenta que uno está afuera y no avisó, entonces llaman. Algunas veces a mí se me ha escapado avisarles”.
Sobre los obispos, dice que cree que “sí los controlan, los vigilan. Y la policía está preguntando de la reunión tal, dónde va a ser, que si va a estar el obispo ahí”.
A las reuniones con el clero, precisa el sacerdote, “llega la policía” que vigila a los sacerdotes “por sector”. Para controlar a los obispos, parece que la policía si les “tiene asignada alguna persona con su vehículo”.
La cuestión política o social en las homilías ha desaparecido
El presbítero nicaragüense explica que ningún sacerdote puede hablar de temas sociales o políticos o se expone a ser considerado opositor y costarle una de dos cosas: “cárcel o destierro”.
“Si hablamos de algún problema social o de algo que esté sucediendo nos pueden ver como opositores, como dando un discurso de sublevación. Y entonces ellos vigilan. Ellos escuchan, en vivo o en transmisiones, y nos graban e informan”, precisa.
Cualquier crítica a la dictadura, agrega, “la toman como que es un discurso político o un acto de sublevación. Y entonces eso puede tener consecuencias”.
El presbítero cuenta que cuando ha sabido de algún sacerdote encarcelado hay un “silencio total. No se puede visitar, no se puede hablar con ellos”.
La presión sobre los obispos
ACI Prensa preguntó al sacerdote sobre la razón por la que los obispos de Nicaragua no suelen hablar de la situación del país o no critican a la dictadura.
“Primero, tal vez, por el temor de ser expulsados. Creo que eso es lo que prima. Y está el miedo a dejar sola a una gran población de creyentes, como sucedió en Matagalpa, en Estelí o Jinotega”, indicó el presbítero desde Nicaragua.
Las cuatro diócesis sin obispo presente en el país son Jinotega —cuyo obispo, Mons. Carlos Herrera, es el presidente de la Conferencia Episcopal— Siuna, Matagalpa y Estelí. Estas dos últimas están a cargo de Mons. Rolando Álvarez, desterrado a Roma en enero de 2024.
El sacerdote recordó que “en las diócesis donde no están los obispos no hay ordenaciones sacerdotales, primeramente porque no están los obispos”. “Ellos (la policía) están vigilando esas diócesis específicamente”, añade y explica que tampoco se permite que un obispo de otra diócesis ordene sacerdotes que no están en su jurisdicción.
En una diócesis donde sí está el obispo presente, continúa, “sí hay ordenaciones pero se hace con mucha prudencia y cautela, no se le da mucha propaganda, no se promueve en los medios para que no haya ninguna dificultad”.
El presbítero precisa que ha habido un descenso en cuanto a los sacerdotes por las expulsiones y que la diócesis más afectada es Matagalpa, con casi la mitad de su clero fuera del país, en represalia a Mons. Álvarez, quien “en las prédicas nunca maquilló” la situación de Nicaragua.
Las procesiones prohibidas en Nicaragua
Al ser preguntado sobre si se puede hacer procesiones en la vía pública, el sacerdote responde: “No, no se puede”.
Pero precisa que “hay algunas procesiones que tradicionalmente son multitudinarias y las han permitido” como la de San Jerónimo o la Virgen de la Merced “pero más por el valor cultural y turístico, pero no porque sea una apertura hacia la fe, que ellos (la policía) han cerrado. El resto está prohibido”.
El presbítero nicaragüense contó que en una oportunidad pidió permiso a la policía para hacer una procesión, y un agente le dijo que lo podían encarcelar si lo hacía.
¿Cómo se sostienen día a día?
El sacerdote también habla sobre las dificultades económicas, aunque en medio de todo brilla la solidaridad de las personas, pese a su pobreza.
Entre las muchas instituciones a las que la dictadura de Ortega y Murillo canceló la personería jurídica —lo que significa que dejan de funcionar y que sus bienes pasan al control del régimen— está Cáritas de Nicaragua, el brazo solidario de la Iglesia Católica, que fue disuelta por la dictadura en marzo de 2023.
Sin la ayuda de Cáritas, “es la misma población la que se encarga de ayudarnos. Estamos con la providencia y así caminamos”.
“Si sobrevivimos es por la ayuda de la misma gente. La energía eléctrica, el agua las paga la población. No se paga con las recaudaciones ni las ofrendas. Igual la alimentación, la gente me colabora. Sin eso no sería sostenible”, explica.
Pese a todo, los sacerdotes no dejan de ayudar a los más pobres.
“Nosotros colaboramos con la gente, ayudamos, llevamos comida, alimento a algunas personas. Yo no he tenido problemas con la policía en ese particular, pero yo lo hago público, no lo hago escondido”, sostiene.
En 2023 la dictadura también prohibió el ingreso de fondos del exterior para la Iglesia Católica tras acusarla de “lavado de dinero” —acusación que fue considerada “ridícula” entonces por Félix Maradiaga, presidente de la Fundación Libertad para Nicaragua—, al tiempo que congeló las cuentas bancarias de las parroquias y diócesis del país para intentar limitar más su acción.
“Ya no contamos con Cáritas ni con ayuda extranjera, porque todo eso se prohibió. Entonces aquí las ayudas se dan entre la misma población, en medio de la pobreza”, resaltó el sacerdote.
“No hay vehículos y es imposible comprar vehículos con las ofrendas porque la gente es pobre. Entonces yo tengo que andar pidiendo que me lleven”, cuenta.
De acuerdo a un informe del Banco Mundial de abril de 2026, en Nicaragua viven 2,8 millones de personas en condición de pobreza.
¿Hay vocaciones en Nicaragua?
El presbítero nicaragüense resalta que, pese a todo, aún hay vocaciones. “Es cierto que hubo una disminución de vocaciones después del 2018. Hubo bastante deserción y disminución, y muchos jóvenes se fueron del país, pero actualmente están creciendo”.
El año 2018 marcó un punto de inflexión en la persecución contra la Iglesia. Las protestas contra la dictadura suscitaron que esta agudizara sus múltiples ataques contra los católicos. La abogada y activista nicaragüense Martha Patricia Molina, autora del informe Nicaragua: Una Iglesia perseguida, da cuenta detallada de ellos.
“Hoy las vocaciones ya están volviendo a resurgir en los seminarios. Antes del año pasado había pocos, pero hoy ya subió la cantidad de seminaristas”, agregó el sacerdote.
Pese a las tribulaciones, la Iglesia en Nicaragua “camina con esperanza”
En la entrevista con ACI Prensa, el sacerdote resalta que “una característica de los nicaragüenses es el amor hacia el Papa porque es una figura de dignidad, de la Iglesia, es algo significativo del católico nicaragüense”.
Con el aliento del Papa, expresado a los obispos exiliados nicaragüenses en agosto de 2025 y, pese a todos los problemas en Nicaragua, el sacerdote afirma que hay razones para tener esperanza, como los nuevos bautizados en la Pascua.
“Yo creo que la Iglesia en Nicaragua es una Iglesia que sufre, pero por encima de todo ese sufrimiento estamos caminando y nos impulsa y nos da esperanza saber lo que nos ha dado la Pascua: la resurrección de Cristo, que Cristo está vivo, que Cristo está con nosotros, camina en medio de nosotros”, resalta el presbítero.
“Aún entre las tribulaciones —concluye— la Iglesia de Nicaragua camina confiada, camina con esperanza. No estamos tristes, estamos alegres y solo esperamos que recibamos la solidaridad y la atención del mundo, y que un día podamos con toda libertad vivir nuestra fe”.-




