El lenguaje como expresión del alma
A través de las palabras que salen de nuestra boca se revela lo que atesoramos en el corazón

Rosalía Moros de Borregales:
Principios de la integridad cristiana
Episodio VI
“De la abundancia del corazón habla la boca.” Mateo 12:34.
La fuerza que subyace a la integridad
Hemos estado recorriendo a la luz de la Palabra de Dios las diferentes columnas que soportan una vida de integridad. En el episodio anterior hablamos de esa esclavitud silenciosa que vamos asumiendo inconscientemente ante los ídolos modernos que han irrumpido en nuestra vida y que sigilosamente van atrapando nuestra voluntad. En contraposición a esta verdad hablamos profundamente sobre la fuerza que subyace a la integridad, la adoración. Cuando la adoración a Dios es parte esencial de nuestra vida, cuando es una practica sostenida en el tiempo, el corazón encuentra refugio en Dios, somos librados de la esclavitud a los ídolos de este mundo y encontramos significado en el diario vivir.
La integridad que se manifiesta en el lenguaje
Hoy quisiera que camináramos juntos hacia la comprensión del segundo y noveno mandamiento: No tomarás el nombre de Dios en vano y No levantarás falso testimonio, ni mentirás. Ambos mandamientos tienen su fundamento en la palabra como expresión del corazón. La integridad no solo se manifiesta en las acciones. También se manifiesta en nuestro lenguaje; ya que a través de las palabras que salen de nuestra boca se revela lo que atesoramos en el corazón, las intenciones que nos mueven, la verdad debajo del rostro, nuestro respeto a Dios y a la dignidad de cada persona.
El lenguaje del siglo XXI, la mentira
Añadido a esto entendemos que nunca antes la humanidad había hablado tanto. Nunca antes habíamos tenido tantos medios para comunicarnos o para expresarnos. Al ritmo del movimiento de un dedo hacia abajo en una pantalla podemos encontrar desde los saberes más exquisitos del planeta hasta las verdades más crueles del ser humano. Vivimos en una exposición permanente a múltiples expresiones del alma a través de la palabra escrita y hablada. Reacciones compulsivas, opiniones instantáneas, exposición permanente de la fragilidad de muchos, exhibición del poder en todas su formas, ignorantes que se expresan como si fueran eruditos, palabras huecas y, sobre todo, el lenguaje actual, la mentira.
La enseñanza de Jesús
El evangelista Mateo nos narra que estando Jesús rodeado y acosado por los fariseos les preguntó: “¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca.” Mateo 12:34. Y a continuación Él mismo les dio la respuesta: “El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas.” Mateo 12: 35-36. Jesús les hizo ver con claridad que el lenguaje no es un asunto superficial; por el contrario, les demostró el peso liberador o condenatorio que tiene cada palabra que sale de la boca: “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado.” Mateo 12:37.
No tomarás el nombre de Dios en vano
A lo largo de la historia la explicación práctica sobre este mandamiento ha sido que no debemos jurar en el nombre de Dios cuando nuestra integridad no puede sustentar el juramento. Sin embargo, el mismo Jesús aclaró esa concepción, expresando que debemos hablar con tal integridad que nuestro Sí sea sí y que nuestro No sea no: “Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello. Pero sea vuestro hablar: Sí, sí; no, no; porque lo que es más de esto, de mal procede.” Mateo 5:33-37.
La fe auténtica transforma el lenguaje
Usar el nombre de Dios en vano va mucho más allá de jurar en su nombre para garantizar nuestra reputación ante otros. Usar el nombre de Dios en vano es hablar de Dios sin reflejar su carácter, mostrar una espiritualidad carente del testimonio de vida, usar un lenguaje piadoso para seducir a otros. El nombre de Dios no puede ser un ornamento verbal, un maquillaje de intenciones torcidas. Cuando una persona de fe habla, su lenguaje transmite verdad, en sus expresiones hay un profundo respeto por la dignidad de las personas y reverencia ante Dios. Además, una persona de fe verdadera no usa expresiones cristianas como clichés huecos para mostrar una apariencia de santidad; cuando expresa una bendición lo hace con la consciencia espiritual de la trascendencia de sus palabras. La fe auténtica transforma el leguaje en un medio para bendecir.
No levantarás falso testimonio
Hay una verdad que atraviesa al mundo actual: la mentira es utilizada como lenguaje comunicacional. Constantemente hemos estado expuestos a una narrativa que distorsiona la verdad, edita la realidad de acuerdo a los intereses particulares, fabrica personajes, dobles vidas, que muestran supuestos comportamientos intachables, mientras causan dolor y mucho sufrimiento. Mentiras proclamadas a los cuatro vientos que se erigen como verdades inalterables, secundadas por mensajes maquillados de bondad. Redes sociales que exaltan comportamientos que solo duran los instantes del video, cuya intención es solo engañar. Es terrible la irresponsabilidad que demuestran muchos al repetir una y otra vez sentencias que no tienen un fundamento. Y peor aún es que muchos creen todo lo que escuchan y lo repiten como una verdad absoluta, sin ninguna verificación. Las palabras tienen el poder de construir o destruir. Hemos visto vidas de integridad expuestas al escarnio público, sin ningún tipo de comprobación del hecho que se les imputa.
Las palabras son flechas sin regreso que hieren el corazón
Hay un proverbio de la sabiduría popular del Oriente que dice: “Hay cuatro cosas que no vuelven atrás: la palabra hablada, la flecha lanzada, la vida pasada y la oportunidad perdida”. Cuántos hogares destruidos en el mundo por palabras que como puñales han causado heridas que nunca curan. Cuántas personas minimizadas, invalidadas y marcadas de por vida por palabras que como veneno se han esparcido por el mapa de neuronas, dejando trauma y enfermedades mentales a su paso. La lengua puede convertirse en un instrumento de muerte emocional. El desprecio, las burlas, la humillación verbal son armas mortales que acaban con muchas vidas.
El poder sanador de la verdad
Viene a mi mente el recuerdo del pasaje bíblico que relata cuando Jesús se encuentra en el camino con un ciego llamado Bartimeo. Este hombre había escuchado de Jesús y estaba decidido a acercársele para pedirle sanidad para sus ojos. Cuando escuchó que Jesús estaba entrando a la ciudad comenzó a gritar: —Jesús, hijo de David, ten misericordia de mí. Mientras algunos trataban de callarle, Bartimeo gritaba más fuerte. Entonces, Jesús vino y le preguntó: —Bartimeo, ¿Qué quieres que te haga? Y Bartimeo respondió: —Señor, que recobre la vista. Entonces, Jesús le dijo: — Ve, tu fe te ha salvado. Y cuentan las Escrituras que enseguida fue sanado y caminaba con Jesús. Esta historia nos revela varios aspectos del lenguaje como una expresión auténtica del alma, los cuales traen bendición a quien los practica.
Primero, Bartimeo llamó a Jesús por su nombre, y desde su corazón habló sin máscaras, con coherencia, de acuerdo a su situación. Le dio el lugar y el título que le correspondía. Cuántas veces ponemos nuestras vidas en manos de los pequeños dioses humanos que nos construimos en este mundo de apariencias y mentira. Segundo, Jesús fue directo en su pregunta: ¿Qué quieres que te haga? Una pregunta que nos confronta a priorizar la verdad, a expresar nuestra realidad sin maquillaje. Además, una pregunta que creó una atmósfera de expectativa ante la vulnerabilidad mostrada por Bartimeo, quien probablemente necesitaba resolver muchas otras cosas en su vida; pero, su realidad era que caminaba en la oscuridad. Tercero, Bartimeo reveló su alma, desde lo más profundo de su corazón contestó: —Maestro, que recobre la vista. Entonces, al exponer su realidad, al pedir lo que necesitaba, recibió las palabras de sanidad y sus ojos volvieron a ver la luz. A cada paso fue la palabra la que determinó el camino de la bendición.
“La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos.” Proverbios18:21.-
Rosalía Moros de Borregales
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