Testimonios

San Miguel Hy: La lenta conversión de un mandarín vietnamita

Íntegro funcionario que mereció la total confianza del emperador que después le condenó a morir, pero ahora la Iglesia lo reconoce santo...se trata de San Miguel Hy

San Miguel negó varias veces a Cristo antes de darle el sí definitivo que le condujo al martirio. Había transitado a fondo por su propia infidelidad y su cobardía hasta llegar a confiar definitivamente en el Dios al que siempre había venerado en casa.

Por sus caídas, un día expresó en un entorno íntimo: «Creo que aunque tomara agua de todos los ríos de la Tierra, no podría lavar mis pecados; quizás solo mi propia sangre pueda purificarlos». Lo recoge una compilación de Vidas de los mártires vietnamitas, de la conferencia episcopal de Vietnam.

Su martirio

San Miguel Ho Dinh

A pesar de haber trabajado tres décadas como funcionario en un imperio que perseguía a los cristianos y de mantener durante años una relación extramatrimonial, Miguel Ho Dihn Hy es venerado hoy como santo por la Iglesia católica. Su fiesta se celebra el 22 de mayo, en memoria del día del 1857 en que fue decapitado por decreto de Tu Duc, el cuarto emperador de la dinastía Nguyen.

El soberano, que anteriormente había reconocido su fiel servicio, ordenó que le cortaran la cabeza después de ser latigado y humillado en lugares públicos tres días, para que los católicos se arrepintieran. A su oferta de apostatar, Miguel le respondió: «Estoy dispuesto a soportar cualquier tortura para ser como Cristo». Su fe venció tras un tortuoso camino de purificación.

Mandarín al lado de los pobres

Miguel nació el 1808 en la aldea de Nhu Lam, en la provincia vietnamita de Thua Thien. Fue el más pequeño de doce hermanos, de los que siete murieron prematuramente. Su padre también era funcionario.

Estudió chino clásico y a los 19 años empezó a trabajar para la administración imperial. Su profesionalidad y honestidad le llevaron a ir ascendiendo de rango hasta convertirse en mandarín. A los 20 años, se casó con Lucia Tân, con quien tuvo cinco hijos. El mayor de ellos fue ordenado sacerdote. Y de una relación con una joven, engendró otros tres, que bautizó y educó como propios.

El arrepentimiento por su infidelidad le impulsó a intensificar su compromiso cristiano, apoyando a los catequistas y cuidando el patrimonio de las misiones de la diócesis. Además, Miguel servía especialmente a los más pobres y a los sacerdotes. Su caridad se expresa en varias anécdotas recogidas en la web de la diócesis de Hue.

Una biografía suya relata cómo rescató con su dinero y crió a dos niñas que habían sido vendidas por un hombre muy pobre. Cuando crecieron, las ayudó a responder a su vocación, una al matrimonio y la otra a la vida religiosa.

En una ocasión, ofreció alojamiento a un adicto al opio muy enfermo. Lo cuidó hasta que falleció y le organizó un funeral solemne. En respuesta a quien criticaba su caridad, Miguel destacó la necesidad de hacer muchas buenas obras para expiar, y no por mero trámite, sino con buenas intenciones.

Como funcionario en el ámbito textil, una vez salvó la vida a unos hombres acusados de robo y se negó vigorosamente a recibir una gran suma de dinero que le ofrecieron.

Fiel hasta la muerte

San Miguel Ho Dinh

Su fe católica y su honestidad contribuyeron a que unos compañeros de la corte le acusaran falsamente de conspiración. Le juzgaron y le encarcelaron. Los soldados le instaban a delatar a los sacerdotes. Recibió 60 latigazos el 18 de mayo y otros tantos tres días después.

En medio de sus sufrimientos, reveló 29 nombres de cristianos que creía ya huidos. Sin embargo, los soldados los encontraron y los apresaron. 8 renunciaron a su fe. A los 21 que se mantuvieron firmes, les marcaron la palabra «hereje» en la mejilla y les exiliaron.

Sintiéndose responsable de sus arrestos, Miguel lloró y pidió a Dios perdón, misericordia y fidelidad hasta el final. El 22 de mayo de 1857 recibió por última vez el sacramento de la reconciliación, y serenamente su ejecución. Sus restos fueron sepultados en una iglesia de Phu Cam.

Junto a otros mártires de Vietnam, la Iglesia proclamó beato a Miguel Ho Dinh Hy el 2 de mayo de 1909, y lo canonizó el 19 de junio de 1988. Se estima que entre 130 mil y 300 mil cristianos fueron ejecutados en las persecuciones ocurridas en Vietnam entre los años 1745 y 1862. El misionero en Saigón, Miguel Ternero, recuerda a Aleteia la tradicional expresión «sangre de mártires, semilla de cristianos» para agradecer a los que favorecieron que hoy haya unos 6 millones de bautizados en Vietnam.-

Patricia Navas – publicado el 21/05/26-Aleteia.org

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba