Opinión

Pasión de Patria

Beatriz Briceño Picón:

Muchos compatriotas y extranjeros han recordado a los jóvenes la importancia de aprender a vivir con la pasión de patria que enseñó, al país, Briceño Iragorry. Uno de tantos, además de los historiadores y escritores consagrados, es Rafael Peña Álvarez, conocido economista, que, con verdadera pasión de discípulo, se dio al trabajo de extraer, a través de la obra de don Mario, parte de su pensamiento en conexión con el tiempo presente. Con una visión de futuro, Peña Álvarez quiso hacer sentir su propia angustia por Venezuela con esa selección de textos.

El pasado 6 de junio, aniversario de la muerte de Briceño Iragorry, no solo Nicolás Maduro sino Diosdado Cabello y Vladimir Padrino hicieron tuits, como en otras efemérides, invitando a los venezolanos a leer a Briceño Iragorry y expresaron la pertinencia de reforzar en el imaginario colectivo de las generaciones presentes y futuras su legado educativo y literario. No me consta que esos ciudadanos hayan leído sus libros ni estudiado su legado. Pero se nota que, ante la crisis del país, alguien pensó que es importante acudir a quienes han querido y soñado en Venezuela sin reservarse nada.    

Ya es tradicional que, en las fechas de nacimiento y muerte del historiador y pensador, aparezcan en las redes estos elogios por parte del gobierno. Por eso me he sentido impulsada hoy, por la proximidad del mes de septiembre, a animar a los compatriotas para hacer una difusión masiva de la importancia que para la unidad de nuestro futuro puede tener seguir a Peña Álvarez en su Antología de una Pasión de Patria. La segunda vez que apareció ese texto fue en 1982 en una reproducción de Fundarte, con un prólogo que querría glosar hoy, y mucho más tarde en una Antología de la Obra de Don Mario, publicada por el Banco Caribe titulada Mensaje con destino, evocando el ensayo de 1951 Mensaje sin destino, que ha dado aliento y luces a tantos universitarios y jóvenes venezolanos.

Peña Álvarez estaba en Ciudad Guayana cuando escribió para Fundarte una suerte de prólogo, donde analizó la situación económica del país desde finales de 1973 y comienzo de 1974: “El aumento de los precios del petróleo en un país no preparado ni técnica ni institucionalmente para recibir e incorporar al torrente circulatorio la avalancha de dólares que se nos vino encima trajo como consecuencia la implantación de estilos de vida que no se corresponden a nivel individual con el esfuerzo que debe hacerse para obtener los ingresos que se perciben”. Comentó, está barato, convertido en slogan de nuestros venezolanos en el exteriory todo lo que conllevó el facilismo que invadió las esferas de la vida nacional.  La coyuntura petrolera imponía una cruzada que mostrara la realidad de las reservas materiales y morales que Venezuela tenía en ese momento.

El texto escrito por este economista en Ciudad Guayana, en marzo de 1982, tiene, aunque veamos el país sin rumbo:  Venezuela posee inmensas reservas materiales, buena parte de las cuales yacen bajo tierra en espera de la acción humana que las aproveche en función nacional. Pero sobre todo posee una gran reserva moral conformada por todos aquellos que rechazan el facilismo, el manguareo, el inmediatismo, la politiquería, la corrupción, la superficialidad, la adulación y la irresponsabilidad…

Nuestra reserva moral la conforman los que creen y viven en el trabajo tesonero; en la acción coordinada y finalista; en la solidaridad; en la política entendida en función de servicio; en la honestidad; en la crítica acertada y oportuna; en el estudio serio, sistemático y profundo; y en la acción responsable y eficaz en cada acto de vida cotidiana.

Las nuevas generaciones que constituyen la mayor reserva, por la deficiencia de nuestra educación desconocen a muchos de nuestro valores intelectuales. A ellos se dirigió Peña Álvarez con la Antología de una Pasión de Patria, que presentó el perfil de uno de ellos. El ejemplo que nos dejaron, el cúmulo de horas que dedicaron a la reflexión y su experiencia, constituyen un tesoro de incalculable valor. Sólo en la medida en que internalicemos los Mensajes con Destino que nos envían los Briceño Iragorry de todas las épocas, nuestros países y sociedades tendrán futuro”.

Han pasado 40 años y nuestro país, arrastrado por ideologías materialistas de distinto corte, se ve como en callejón sin salida. Ninguna salida política es capaz de recuperar el tiempo malgastado. Se impone, sin duda, gente que repiense lo que fuimos, lo que somos y dónde queremos ir. No hay recetas simplistas. Tenemos que pensar en los niños y los adultos, con una visión realista y esperanzada. Hay que reconstruir desde la familia y la sociedad civil, pero necesitamos una generación capaz de buscar la fuerza en la unión, dispuestos a perder por Venezuela y nuestra civilización horas de sueño dedicadas al trabajo creador.

La selección de textos en ese trabajo del discípulo economista, está dividida en seis grandes temáticas: Patria-Historia-Pueblo; Actitudes-Valores; Bolívar-Bello-Vargas; Política Cultura; Sentido Cristiano. También deja al principio una breve referencia a su obra y al final añade una síntesis biográfica y una ficha Bio-Bibliográfica.

Concluimos esta exhortación a querer de verdad a Venezuela, con un breve

texto de Briceño Iragorry, recogido en el capítulo Política-Cultura de la selección, extraído del libro El Caballo de Ledesma:

                La política es la suma de los hábitos sociales. Un pueblo no será políticamente culto si sus componentes no lo son como individuos.   

Beatriz Briceño Picón

Periodista UCV/CNP

Fundación Mario Brice; o Iragorry

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